San Juan, Puerto Rico - 15 de febrero de 2006. Actualizado a las 1:02:47 AM
     
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Esquivel redime a la Malinche
Laura Esquivel le construye una vida a la célebre india mexicana, esposa del conquistador Hernán Cortés y que la historia oficial se ha encargado de entronizar injustamente como la gran traidora del pueblo azteca.
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Esquivel redime a la Malinche

Miércoles, 15 de febrero de 2006

Por Mario Alegre Barrios

La noche del día que Laura Esquivel llegó a San Juan había luna llena… la misma luna redonda y rebosante de luz que la náhuatl Malinalli vio hace casi quinientos años la noche del día que llegó a la esplendorosa Tenochtitlan para enfrentar su destino.

Poco después esa misma luna de hace medio millar de años rompió la oscuridad de la legendaria “Noche triste” y alumbró también el ensangrentado campo de batalla donde los aztecas terminaron por rendirse bajo el asedio de aquellos hombres rubios, altos y barbados que fueron confundidos con emisarios de Quetzalcóatl.

Con estas coincidencias en su anecdotario, la escritora mexicana inicia la gira de presentación de Malinche (Simon & Schuster), su nueva novela que le construye una vida a la célebre india mexicana, esposa del conquistador Hernán Cortés y que la historia oficial se ha encargado de entronizar injustamente como la gran traidora del pueblo azteca.

El prolongado periplo de Laura tendrá su estación principal en Puerto Rico esta tarde -a partir de las 6:30- en la Sala de Facultad ubicada en el Edificio Barat de la Universidad del Sagrado Corazón, donde la escritora sostendrá un conversatorio con las profesoras Sonia Fritz -cineasta- y Teresa Previdi -coordinadora de la maestría en Escritura de Guión de esta institución-, con una introducción del profesor Luis López Nieves -director de la maestría en Creación Literaria de la USC- y la moderación de quien estas líneas escribe. Mañana y el viernes -desde las 7 p.m.- Esquivel estará en las librerías Borders de Plaza Las Américas y Mayagüez, respectivamente.

Sincera, todavía con un poco de sorpresa por el feliz desarrollo de esta aventura literaria, la autora de Como agua para chocolate, confiesa a que no fue a ella a quien se le ocurrió la idea de escribir una novela sobre quien es conocida popularmente como “Malinche”, cuando realmente a quien se le adjudicó ese mote en la época de la Conquista fue a Cortés y que quiere decir algo cercano a “amo de Malinalli”. “No se me ocurrió a mí, fue a la editorial”, señala la escritora a El Nuevo Día. “Me propusieron escribir la biografía de esta mujer tan singular y me sedujo la oferta.”

Este trabajo que nace de una comisión atrapó a Laura tan pronto se enfrentó con el primer gran escollo: lo poco que hay escrito sobre Malinalli específicamente, apenas dos o tres páginas en las que hace referencia directamente a su vida. Ahí -asevera- estuvo lo inicialmente alucinante del proyecto: enfrentarse con esta mujer de la que tan poco se sabía y que tanta hondura tiene en la historia del pueblo mexicano, como la madre en el inconsciente colectivo, de la misma manera como Cortés es el padre, dicotomía a la que tan brillantemente hace referencia Octavio Paz cuando escribe respecto a lo que para el mexicano significa ser “hijo de la chingada”, en clara alusión -primero- a la relación entre Cortés y la india y -segundo- a esa sangrienta conquista de la que devino lo que es hoy el pueblo mexicano.

“Si el padre se ha perpetuado como ladrón y asesino, y la madre como una traidora, ¿qué somos entonces los mexicanos? Eso ha perpetuado la visión que todavía cargamos en nuestras espaldas y contra la que tenemos que luchar”, explica Laura. “Claro que realmente no somos hijos de esa concepción, pero en términos prácticos la noción de nuestra historia perfila la idea inconsciente que tenemos de nosotros mismos. Por eso para mí ha sido tan importante revisar y descubrir a una mujer tan apasionante y maravillosa que no fue lo que la historia oficial le atribuye, sino que se convirtió en realidad en una mediadora que evitó que los indios fuesen totalmente aniquilados, como sucedió en otras partes de la América conquistada. De alguna manera, Malinalli sigue siendo una mujer con una inmediatez y una pertinencia absolutas en el contexto de nuestras sociedades latinoamericanas, donde las mujeres siguen ocupando un rango social, moral y económico menor al del hombre.”

Laura puntualiza que las referencias históricas que encontró de Malinalli “no pasan de cuatro páginas”, escritas por los cronistas de la época, y que eso la “obligó” a tomar esos datos como andamiaje de la historia con la que le construyó una vida al personaje. Tuvo que despojarse de todas las nociones -vaciarse de todos sus prejuicios- que desde niña le habían inculcado sobre ‘la Malinche’ para poder crearle un mundo más afín a lo que fue y que está apuntalado por la esencia de esas referencias históricas.

Con la certeza de que “uno nunca ve la realidad como es, sino como uno mismo es, con toda la carga de nuestra formación, de nuestras creencias, de nuestros deseos”, Laura que para ella fue una aventura imaginar cómo ‘la Malinche’ veía el mundo, cómo se acercaba a su realidad… cómo explicaba, por ejemplo, su noción mesiánica de Quetzalcoátl, circunstancia que es histórica y que -como todo lo medular de la trama- está basada en hechos reales, mientras que la magia habita fundamentalmente en la manera como la autora construyó la carne y el alma de los protagonistas. “Quetzalcoátl representa el cenit del desarrollo de esa sociedad y con su fe en el regreso del dios, Malinalli expresa el deseo de un cambio social”, explica. “La sociedad de Tenochtitlan no era todo lo buena que se dice, al contrario. Muchas de las tribus vecinas estaban bajo su yugo y anhelaban su caída, actitud que fue terreno fértil para que los españoles las tuvieran como aliadas y contribuyeran en la conquista.”

Con reminiscencias de su primera visita a la Isla a principios de los 90, precisamente para presentar Como agua para chocolate, Laura señala que le da un gusto enorme comenzar aquí esta gira porque el Caribe está muy vinculado a la génesis de la novela, ya que las reflexiones que preludian el viaje de Hernán Cortés a México se materializan en La Española, nombre con el que se bautizó originalmente la República Dominicana. “También veo el paralelismo que hay en Puerto Rico y su relación con el ‘otro’ imperio”, dice con una sonrisa. “Al escribir este libro aprendí a ver la Conquista de México como un proceso que si bien fue brutal, no fue de aniquilación gracias a ‘la Malinche’. Se dio una mezcla que creó una nueva raza que es lo que somos ahora. El primer mexicano fue el que nació de la primera unión entre una india y un español. Si aprendemos a ver aquel episodio como un hecho consumado, en el que no tenemos control alguno, podremos vivir más en armonía con ese pasado y con lo que somos en su consecuencia.”

Laura -quien pone de relieve la inmensa ayuda que recibió en el proceso de investigación de parte de su esposo Javier Valdés- comenta que en la historia de ‘la Malinche’ había tres fechas que necesitaba destacar y que era vital que en todas hubiese habido luna llena: la llegada de ella a Tenochtitlan, la legendaria “Noche triste” -jornada en la que los indios le infligieron a Cortés y sus hombres una dolorosa derrota- y la caída del Imperio azteca. “Cuando llegué anoche a Puerto Rico miré al cielo y vi la luna: estaba llena, como en esos tres episodios de la novela”, dice con una sonrisa de niña. “Pensé que era maravilloso que mi regreso a Puerto Rico estuviese marcado por esta coincidencia que, en tanta relevancia tiene en la dimensión mística del libro.”

Con una larga gira en perspectiva de la mano de Malinche, Laura comenta que escribir nunca le ha causado la angustia que le acarrea la promoción de los libros, sobre todo en años recientes, cuando el mundo editorial ha dado un vuelco que ha convertido al escritor en el vendedor de su obra. “Desde Como agua para chocolate hasta hoy el cambio ha sido enorme”, acota. “Yo profesaba el credo de que los libros tenían su propio destino y que el autor no tenía otra cosa que hacer, sólo escribirlos. Ahora es todo un aparato de mercadotecnia y, si uno no ‘le entra’ no pasa nada. Sin ir muy lejos, el fenómeno que marcó el éxito de Como agua para chocolate no se hubiera dado ahorita. Nunca se anunció, nunca se puso un póster. Todo fue ‘de boca en boca’. En esta época ya no da tiempo para eso y es como con las películas: si en un mes no hace la marca proyectada de venta, pa fuera… muere y desaparece de los anaqueles. Estas giras son abrumadoras. Yo estoy empezando ahora y acabo en junio: voy a Miami, regreso a México para ir a varias ciudades, luego me voy a España, regreso a México para otra semana de presentaciones y luego viajo a Argentina y Chile, para terminar con trece ciudades de Estados Unidos y Canadá.”

Son varios los precios que en ocasiones un escritor tiene que pagar para que lo lean… éste es uno de ellos y Laura comienza con esta visita a hacerlo.




 

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