La noche del día que Laura Esquivel llegó a San Juan había
luna llena… la misma luna redonda y rebosante de luz que la
náhuatl Malinalli vio hace casi quinientos años la noche del
día que llegó a la esplendorosa Tenochtitlan para enfrentar su
destino.
Poco después esa misma luna de hace medio millar de años
rompió la oscuridad de la legendaria “Noche triste” y alumbró
también el ensangrentado campo de batalla donde los aztecas
terminaron por rendirse bajo el asedio de aquellos hombres
rubios, altos y barbados que fueron confundidos con emisarios
de Quetzalcóatl.
Con estas coincidencias en su anecdotario, la escritora
mexicana inicia la gira de presentación de Malinche (Simon
& Schuster), su nueva novela que le construye una vida a
la célebre india mexicana, esposa del conquistador Hernán
Cortés y que la historia oficial se ha encargado de entronizar
injustamente como la gran traidora del pueblo azteca.
El prolongado periplo de Laura tendrá su estación principal
en Puerto Rico esta tarde -a partir de las 6:30- en la Sala de
Facultad ubicada en el Edificio Barat de la Universidad del
Sagrado Corazón, donde la escritora sostendrá un conversatorio
con las profesoras Sonia Fritz -cineasta- y Teresa Previdi
-coordinadora de la maestría en Escritura de Guión de esta
institución-, con una introducción del profesor
Luis López
Nieves -director de la maestría en Creación Literaria de la USC- y la moderación de quien estas líneas escribe. Mañana y
el viernes -desde las 7 p.m.- Esquivel estará en las librerías
Borders de Plaza Las Américas y Mayagüez, respectivamente.
Sincera, todavía con un poco de sorpresa por el feliz
desarrollo de esta aventura literaria, la autora de Como agua
para chocolate, confiesa a que no fue a ella a quien se le
ocurrió la idea de escribir una novela sobre quien es conocida
popularmente como “Malinche”, cuando realmente a quien se le
adjudicó ese mote en la época de la Conquista fue a Cortés y
que quiere decir algo cercano a “amo de Malinalli”. “No se me
ocurrió a mí, fue a la editorial”, señala la escritora a El
Nuevo Día. “Me propusieron escribir la biografía de esta mujer
tan singular y me sedujo la oferta.”
Este trabajo que nace de una comisión atrapó a Laura tan
pronto se enfrentó con el primer gran escollo: lo poco que hay
escrito sobre Malinalli específicamente, apenas dos o tres
páginas en las que hace referencia directamente a su vida. Ahí
-asevera- estuvo lo inicialmente alucinante del proyecto:
enfrentarse con esta mujer de la que tan poco se sabía y que
tanta hondura tiene en la historia del pueblo mexicano, como
la madre en el inconsciente colectivo, de la misma manera como
Cortés es el padre, dicotomía a la que tan brillantemente hace
referencia Octavio Paz cuando escribe respecto a lo que para
el mexicano significa ser “hijo de la chingada”, en clara
alusión -primero- a la relación entre Cortés y la india y
-segundo- a esa sangrienta conquista de la que devino lo que
es hoy el pueblo mexicano.
“Si el padre se ha perpetuado como ladrón y asesino, y la
madre como una traidora, ¿qué somos entonces los mexicanos?
Eso ha perpetuado la visión que todavía cargamos en nuestras
espaldas y contra la que tenemos que luchar”, explica Laura.
“Claro que realmente no somos hijos de esa concepción, pero en
términos prácticos la noción de nuestra historia perfila la
idea inconsciente que tenemos de nosotros mismos. Por eso para
mí ha sido tan importante revisar y descubrir a una mujer tan
apasionante y maravillosa que no fue lo que la historia
oficial le atribuye, sino que se convirtió en realidad en una
mediadora que evitó que los indios fuesen totalmente
aniquilados, como sucedió en otras partes de la América
conquistada. De alguna manera, Malinalli sigue siendo una
mujer con una inmediatez y una pertinencia absolutas en el
contexto de nuestras sociedades latinoamericanas, donde las
mujeres siguen ocupando un rango social, moral y económico
menor al del hombre.”
Laura puntualiza que las referencias históricas que
encontró de Malinalli “no pasan de cuatro páginas”, escritas
por los cronistas de la época, y que eso la “obligó” a tomar
esos datos como andamiaje de la historia con la que le
construyó una vida al personaje. Tuvo que despojarse de todas
las nociones -vaciarse de todos sus prejuicios- que desde niña
le habían inculcado sobre ‘la Malinche’ para poder crearle un
mundo más afín a lo que fue y que está apuntalado por la
esencia de esas referencias históricas.
Con la certeza de que “uno nunca ve la realidad como es,
sino como uno mismo es, con toda la carga de nuestra
formación, de nuestras creencias, de nuestros deseos”, Laura
que para ella fue una aventura imaginar cómo ‘la Malinche’
veía el mundo, cómo se acercaba a su realidad… cómo explicaba,
por ejemplo, su noción mesiánica de Quetzalcoátl,
circunstancia que es histórica y que -como todo lo medular de
la trama- está basada en hechos reales, mientras que la magia
habita fundamentalmente en la manera como la autora construyó
la carne y el alma de los protagonistas. “Quetzalcoátl
representa el cenit del desarrollo de esa sociedad y con su fe
en el regreso del dios, Malinalli expresa el deseo de un
cambio social”, explica. “La sociedad de Tenochtitlan no era
todo lo buena que se dice, al contrario. Muchas de las tribus
vecinas estaban bajo su yugo y anhelaban su caída, actitud que
fue terreno fértil para que los españoles las tuvieran como
aliadas y contribuyeran en la conquista.”
Con reminiscencias de su primera visita a la Isla a
principios de los 90, precisamente para presentar Como agua
para chocolate, Laura señala que le da un gusto enorme
comenzar aquí esta gira porque el Caribe está muy vinculado a
la génesis de la novela, ya que las reflexiones que preludian
el viaje de Hernán Cortés a México se materializan en La
Española, nombre con el que se bautizó originalmente la
República Dominicana. “También veo el paralelismo que hay en
Puerto Rico y su relación con el ‘otro’ imperio”, dice con una
sonrisa. “Al escribir este libro aprendí a ver la Conquista de
México como un proceso que si bien fue brutal, no fue de
aniquilación gracias a ‘la Malinche’. Se dio una mezcla que
creó una nueva raza que es lo que somos ahora. El primer
mexicano fue el que nació de la primera unión entre una india
y un español. Si aprendemos a ver aquel episodio como un hecho
consumado, en el que no tenemos control alguno, podremos vivir
más en armonía con ese pasado y con lo que somos en su
consecuencia.”
Laura -quien pone de relieve la inmensa ayuda que recibió
en el proceso de investigación de parte de su esposo Javier
Valdés- comenta que en la historia de ‘la Malinche’ había tres
fechas que necesitaba destacar y que era vital que en todas
hubiese habido luna llena: la llegada de ella a Tenochtitlan,
la legendaria “Noche triste” -jornada en la que los indios le
infligieron a Cortés y sus hombres una dolorosa derrota- y la
caída del Imperio azteca. “Cuando llegué anoche a Puerto Rico
miré al cielo y vi la luna: estaba llena, como en esos tres
episodios de la novela”, dice con una sonrisa de niña. “Pensé
que era maravilloso que mi regreso a Puerto Rico estuviese
marcado por esta coincidencia que, en tanta relevancia tiene
en la dimensión mística del libro.”
Con una larga gira en perspectiva de la mano de Malinche,
Laura comenta que escribir nunca le ha causado la angustia que
le acarrea la promoción de los libros, sobre todo en años
recientes, cuando el mundo editorial ha dado un vuelco que ha
convertido al escritor en el vendedor de su obra. “Desde Como
agua para chocolate hasta hoy el cambio ha sido enorme”,
acota. “Yo profesaba el credo de que los libros tenían su
propio destino y que el autor no tenía otra cosa que hacer,
sólo escribirlos. Ahora es todo un aparato de mercadotecnia y,
si uno no ‘le entra’ no pasa nada. Sin ir muy lejos, el
fenómeno que marcó el éxito de Como agua para chocolate no se
hubiera dado ahorita. Nunca se anunció, nunca se puso un
póster. Todo fue ‘de boca en boca’. En esta época ya no da
tiempo para eso y es como con las películas: si en un mes no
hace la marca proyectada de venta, pa fuera… muere y
desaparece de los anaqueles. Estas giras son abrumadoras. Yo
estoy empezando ahora y acabo en junio: voy a Miami, regreso a
México para ir a varias ciudades, luego me voy a España,
regreso a México para otra semana de presentaciones y luego
viajo a Argentina y Chile, para terminar con trece ciudades de
Estados Unidos y Canadá.”
Son varios los precios que en ocasiones un escritor tiene
que pagar para que lo lean… éste es uno de ellos y Laura
comienza con esta visita a
hacerlo.