¿A quién le importa el paradero de los restos de Voltaire,
particularmente de su corazón? Para las altas esferas del
gobierno francés, la cuestión es, al parecer, de vida o
muerte. Resulta imprescindible mantener incólume lo que
representa para la nación el famoso pensador y escritor
dieciochesco, de espíritu revolucionario, enemigo de la
Iglesia y propulsor de los derechos del hombre.
Esta es la premisa -apenas un hilo tendido sobre el vacío-
sobre la que se apoya la elaborada y divertidísima novela de
Luis López Nieves, que juega una vez más (se trata del creador
de Seva y de La verdadera muerte de Juan Ponce de León) con la
historia. Y lo hace, en este caso, combinando extremos. De una
parte tenemos a un grupo de ilustres profesores de la Sorbonne
-geneticistas e historiadores- que buscan, frenéticamente,
autenticar la procedencia del corazón de Voltaire que se
venera, como una reliquia, en la Biblioteca Nacional.
Comunicándose entre sí por correo electrónico, ponen en juego
todas las destrezas tecnológicas de nuestra época para lograr
su fin. De la otra, la pesquisa en el pasado revela la
improbable amistad entre Voltaire y un fraile exclaustrado;
las incertidumbres de una época convulsa, previa a la
Revolución Francesa, y la esperanzada mirada que el europeo de
aquel momento lanzaba hacia el Nuevo Mundo, del que aún
esperaba la clave de su salvación. Por eso tenemos aquí a un
Voltaire que, entre otros lugares, visita las Antillas. En
Puerto Rico se toma un maví, en uno de los muchos guiños
irónicos que tiene el libro.
Abundan los contrastes; sobreabundan las ironías a lo largo
de este cruce de tiempos y actitudes. La investigación que
lleva a cabo el profesor Roland de Luziers va pulsando los
registros del género detectivesco: se plantean interrogantes,
aparecen pistas -algunas falsas-, se da una confusión de
identidades y la luz surge inesperadamente de un personaje
improbable (un peluquero despistado que se tropieza con una
información que no logra calibrar bien). Surgen también
obstáculos imprevistos y combinaciones insospechadas. Un abad
recalcitrante defiende la inviolabilidad de su milenaria
abadía; un descendiente ¿o no? de Voltaire aparece en Puerto
Rico y el comentario fortuito de un presidente del Brasil
revuelca el avispero de la autenticidad de las reliquias
históricas. El que la novela entera esté escrita en forma de
correos electrónicos no es el menor de sus atractivos.
Escuetos al principio, nos remiten a la lengua de la
oficialidad burocrática y también a los resortes a los que esa
burocracia responde. Más largos luego, aunque punteados por
cortos exabruptos, contienen a veces anejos sustanciales,
cartas de tipo tradicional, pasajes de monografías u otros
tipos de escritura. El texto mismo, que va directamente al
grano, constituye el punto central de la novela: a través de
él se tiende un puente hacia un pasado que ofrece múltiples
posibilidades interpretativas, generándose así una tupida red
de correspondencias que subyacen el frágil hilo de la trama
principal.
La trama -el entramado- está dada por la forma, que remite
directamente a ella y la convierte en el centro de la
atención, como conviene al género de la novela negra. Los
personajes se van perfilando en función de su propia escritura
que, a su vez, está en función de la acción.
En esta novela fuertemente irónica pero divertida, Luis
López Nieves ejecuta airosamente el baile sobre la cuerda
floja que supone toda escritura. Sortea con éxito los
obstáculos que aquí hubieran podido presentar, por un lado, la
pesadez y -por el otro- la intrascendencia.
Una novela que se lee con fruición, en la que la ironía
asoma como una de las reglas fundamentales del juego de la
escritura.
Carmen Dolores Hernández es editora de LETRAS.
cdoloreshernandez@gmail.com