Del corazón de Voltaire
Demasiada gente se emociona al leerla. Se ha convertido en la novela histórica favorita de los boricuas, escrita por un boricua. Se ha disparado a otros países hispanohablantes en una gesta que le hace justo mérito al esfuerzo genuino del autor. Un autor que, por años de años, ha creado huellas indelebles en su largo camino por fomentar el quehacer literario del patio.
Que tanta gente la halague no debería extrañar; los libreros del país, los empleados de piso que trabajan en las librerías, los bohemios del café vegetariano, los morcilleros de cafetín, los tertulianos riopedrenses, viejosanjuanenses, los gestores culturales, los periodistas, los talleristas literarios, los estudiantes y catedráticos con y sin ínfulas de posmodernismo en las venas. Que toda esta plétora versátil y polifacética de lectores estén dispuestos a sugerirla hasta de regalo de octavitas, lo mismo que para referencia de tesis e investigaciones literarias es todo un fenómeno. Si me preguntan a mí, es todo un fenómeno como hace años no se ve en las letras de la Isla.


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