San Juan, Puerto Rico - 8 de enero de 2006. Actualizado a las 2:11:00 AM
     
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Desde la entraña de la palabra
Luis López Nieves está feliz con la publicación de “El corazón de Voltaire”, su debut como novelista después de una larga trayectoria consagrada al cuento. (José Rodríguez)
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Desde la entraña de la palabra

Domingo, 8 de enero de 2006

Por Mario Alegre Barrios

No había cumplido aún los 13 cuando leyó El extranjero de Camus y desde entonces supo que su cauce era ser narrador, certeza que validó poco después con Cortázar, causante de su primera taquicardia literaria.

Al cabo de cuatro décadas de aquellas epifanías, Luis López Nieves vive convencido de que el destino nunca se equivoca, de que la vida sabe de antemano el final de las historias de cada uno de nosotros y también de que nadie escapa a ese libreto escrito mucho antes de que el hombre inventara las palabras.

Parece simple pero hay personas para quienes estas certezas nunca llegan y es entonces cuando el mundo no parece el mejor lugar para vivir.

Para Luis sí.

Lo adivinó entre esas páginas que tenía al alcance de la mano en la biblioteca de su primer hogar, donde temprano descubrió que en la palabra se cifra de alguna manera la clave de lo que es la vida, de lo que sabemos y también de lo que ignoramos.

“Hay un poco de ambas cosas en mi vocación: herencia y sensibilidad”, reconoce el autor de El corazón de Voltaire, libro publicado recientemente por el grupo editorial Norma como parte de su colección internacional de novela negra “Literatura o Muerte”. “Crecí rodeado de libros y eso se combinó con mi inquietud de mirar a mi alrededor. Usualmente las personas miran los hechos y punto, mientras que los escritores miramos no sólo los hechos, sino también a quienes los observan… siempre tuve el privilegio de tener esa otra mirada”.

Si bien siempre ha sido un lector voraz, Luis reconoce que esta pasión no alimentó inicialmente sus deseos de escribir y que éstos enfrentaron los prejuicios usuales que se resumen en la percepción de que los escritores se mueren de hambre si no se dedican a otra cosa. “Familiares y amigos me quisieron convencer de que escribir no es realmente una opción en la vida y que quienes se dedican a eso terminan en una cuneta”, dice con una sonrisa. “No fue sino hasta cuando estaba en una clase se ciencias políticas que Pablo García, un profesor muy querido, me preguntó: ‘¿qué tú haces aquí?... yo estoy hablando de cómo son las cosas y tú de cómo deben ser. No sirves para esto, mejor vete a Humanidades’. Él mismo me llevó a Literatura para que me orientaran. Luego de eso tomé un taller de cuento con René Marqués y otro con Pedro Juan Soto… de ahí ya no hubo vuelta atrás”.

Camus y Cortázar

Con una mirada que no oculta la devoción con la que empezó su romance con la literatura, Luis asegura que el primer libro que lo marcó fue El extranjero, de Camus, lectura que le dio la idea inicial de lo que quería hacer el resto de su vida cuando apenas comenzaba a ser un adolescente. “Sé que ése no era un libro propio para la edad que entonces tenía, pero fue iluminador”, recuerda. “De ahí, el salto a la modernidad lo di con Cortázar y su cuento Continuidad de los parques, un relato muy corto que no entendí a la primera lectura. Lo volví a leer y me dio taquicardia: descubrí el placer estético del poder de la palabra escrita y me quedé enganchado a ella”.

Miembro de la facultad de la Universidad del Sagrado Corazón desde mediados de los 80, Luis asevera que no lo mueve en ese sentido vocación pedagógica alguna y que no es otra cosa que “un maestro de escritores” que enseña a escribir, tal y como particularmente lo ha hecho desde hace un par de años como artífice de la maestría en Literatura Creativa que se ofrece en esa institución. “Claro que se puede enseñar a escribir… pero sólo la técnica, de la misma manera que se enseña a pintar”, explica. “En la pintura se puede enseñar a mezclar los colores y a dar las pinceladas, pero no a capturar la esencia de lo que se pinta. Algo así pasa con la literatura: se enseña la técnica de los diversos géneros, pero no la magia, esa fina línea donde empieza la literatura y termina la simple redacción de textos.

En la misma línea de pensamiento, el autor de Seva destaca que “imaginar es otra cosa que no se enseña”. “No se puede enseñar a mirar, descubrir, interpretar y convertir en palabras eso”, acota. “Para eso, entre otras cosas, hay que leer los clásicos. Esto es vital para entrenar la imaginación y desarrollar la destreza para contar. Si de algo se quejan los estudiantes de la maestría en Creación Literaria es precisamente de la cantidad de obras clásicas que se asignan para lecturas. La maestría dura dos años y la verdad es que al cabo de ese lapso el egresado tiene las herramientas para escribir, pero no se garantiza que será un gran escritor. Es igual que cuando alguien se gradúa de leyes o medicina: nada asegura que serán unas eminencias”.

De "Seva" a "Voltaire"

A poco más de veinte años de la publicación de Seva, relato con el que debutó en el género de lo que él llama “historia trocada”, Luis retorna al mundo del libro con la publicación de El corazón de Voltaire, su “ópera prima” en el género de la novela que se caracteriza formalmente por el uso de la epístola como recurso narrativo, herramienta atemperada a la modernidad a través del correo electrónico o “e-mail”, como se le conoce en el mundo de los internautas.

Sin falsa modestia, Luis asevera que no hay grandes diferencias entre el escritor que es ahora y el que hace veinte años escribió su propia versión de la invasión americana a la Isla en 1898. “En verdad no veo diferencias sustanciales”, afirma. “Con Seva comenzó mi exploración del relato histórico que continuó con La verdadera muerte de Juan Ponce de León, (galardonado con el Premio Nacional de Literatura del Instituto de Literatura Puertorriqueña en el 2000). Ahora, El corazón de Voltaire es una novela híbrida que recurre a ese género”.

Luis añade que el uso de la epístola como recurso es algo antiquísmo que en esta novela se renueva al insertarse en la realidad globalizante y globalizada de internet. “Lo usual era que entre carta y carta pasaran muchos días, incluso semanas”, apunta. “En esta novela no porque todo viaja a la velocidad de la luz, con varias cartas en un mismo día. Creo que todos los escritores buscamos desafíos y a mí me pareció que escribir toda la novela mediante intercambios de correos electrónicos -sin hacer aclaración alguna- era un reto enorme. Hasta ahora todos los comentarios han sido muy halagüeños. Siento que, pese al tema histórico que enmarca el destino del cadáver del célebre filósofo francés, es una obra de una inmediatez absoluta por la manera como está contada en el marco de nuestra realidad electrónica, algo que era inconcebible hace diez años”.

Con evidente satisfacción, Luis menciona que este libro le abre las puertas de América y España debido a que la colección a la que pertenece es distribuida masivamente en esos contextos geográficos, además de que está en compañía de escritores consagrados como el brasileño Rubem Fonseca -ganador hace unos años del Premio Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara- y el cubano Leonardo Padura, quienes también han escrito para la colección de Norma “Literatura o Muerte”. Asimismo, en un futuro cercano serán parte del proyecto escritores de la talla del Premio Nobel José Saramago y Sergio Pitol, galardonado con el Rulfo en su edición más reciente.

“¡Imagina el honor que esto significa para mí!”, apunta. “No sólo se cumple la inquietud de trascender geográficamente, sino que el hecho de hacerlo con esa compañía es un privilegio. Por eso agradezco profundamente la invitación que me hizo el Grupo Editorial Norma, de la misma manera que lo ha hecho con diversos escritores de tanta prominencia. Esto se añade al placer que derivo de escribir, ejercicio en el que nunca he padecido de angustia existencial. Claro que a veces escribir es un proceso tortuoso pero no me produce agonía. No soy de los escritores a los que les gusta escribir ‘mirándose el ombligo’, o sea, que les encanta escribir sobre ellos mismos. A mí nunca me ha gustado la literatura sobre la literatura… me aburre muchísimo. Comencé a escribir El corazón de Voltaire el 15 de abril del año pasado y lo terminé en tres meses gracias a que Mara, mi esposa, se ocupó del resto del mundo”.

Escribir para el futuro

Si bien considera que no escribe con un lector específico en mente, Luis sí sabe para quienes no escribe: los insoportables intelectuales de altos vuelos y la gente ignorante. “Nunca he escrito para ellos ni lo haré”, asegura. “Escribo para las personas con una educación y una cultura promedios. No me interesa crear fuegos artificiales para deslumbrar ni hacerlo de manera tan llana que no incite la razón y la reflexión. No soy una vedette para andar por ahí promocionándome. También creo que, aunque me leen muy bien en la actualidad, escribo más para el futuro. El corazón de Voltaire ha tenido una gran aceptación en el poco tiempo que lleva en la calle y las reacciones han sido muy estimulantes. No obstante, siento que es un libro para el futuro”.

Imposible de soslayar, Luis acepta el hecho de que es sumamente crítico consigo mismo y con los demás, rasgo que le ha ganado la fama de ser arrogante y soberbio hasta la saciedad y que él explica sencillamente con el argumento de que “no acepto la mediocridad en mí y tampoco en los que en algún momento están a mi alrededor”. “Es simplemente eso: no lo acepto y tampoco acepto los esfuerzos a medias”, señala. “Ese es el precio de tener estándares muy altos. Además, cada día estoy menos dispuesto a negociar con esas cosas. Si nunca lo he hecho, menos ahora. Si eso es ser 'comem…' pues lo soy, pero no creo que sea el término correcto. Tengo el privilegio de hacer lo que amo. Donde quiera que me he parado lo he hecho de frente y he dicho lo que soy y lo que pienso. Desde 1987 estoy en la Universidad del Sagrado Corazón y con esta institución he cultivado una relación muy honesta y gratificante. Ahí creé una campaña para cuidar nuestro idioma que fue muy famosa y también un programa de redacción para los medios a nivel de maestría que ha sido de gran valor. Ahora llevamos dos años con la maestría en Creación Literaria y el resultado hasta ahora no ha podido ser mejor”.

Hacia el final de la charla, Luis comenta que el lector puertorriqueño está desorientado respecto a la literatura local por muchas razones, entre ellas porque no hay más páginas literarias en los medios masivos de comunicación. “Pero lo más grave es que el mundo académico del país se aleja cada vez más del lector común”, afirma categóricamente. “En este contexto domina el ‘amiguismo’, donde los escritores doctos escriben los unos para los otros, no para los lectores. Con la maestría en Creación Literaria estamos sacando la literatura de la academia y creando escritores que escriban para los lectores comunes, que son los que más abundan en el país y que tan distantes están de esa elite intelectual que cree ser la dueña de la literatura y que se regodea en el halago mutuo”.




 

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