No había cumplido aún los 13 cuando leyó El extranjero de Camus y desde entonces supo que su cauce era ser narrador,
certeza que validó poco después con Cortázar, causante de su
primera taquicardia literaria.
Al cabo de cuatro décadas de aquellas epifanías,
Luis López
Nieves vive convencido de que el destino nunca se equivoca, de
que la vida sabe de antemano el final de las historias de cada
uno de nosotros y también de que nadie escapa a ese libreto
escrito mucho antes de que el hombre inventara las
palabras.
Parece simple pero hay personas para quienes estas certezas
nunca llegan y es entonces cuando el mundo no parece el mejor
lugar para vivir.
Para Luis sí.
Lo adivinó entre esas páginas que tenía al alcance de la
mano en la biblioteca de su primer hogar, donde temprano
descubrió que en la palabra se cifra de alguna manera la clave
de lo que es la vida, de lo que sabemos y también de lo que
ignoramos.
“Hay un poco de ambas cosas en mi vocación: herencia y
sensibilidad”, reconoce el autor de
El corazón de Voltaire,
libro publicado recientemente por el grupo editorial Norma
como parte de su colección internacional de novela negra
“Literatura o Muerte”. “Crecí rodeado de libros y eso se
combinó con mi inquietud de mirar a mi alrededor. Usualmente
las personas miran los hechos y punto, mientras que los
escritores miramos no sólo los hechos, sino también a quienes
los observan… siempre tuve el privilegio de tener esa otra
mirada”.
Si bien siempre ha sido un lector voraz, Luis reconoce que
esta pasión no alimentó inicialmente sus deseos de escribir y que
éstos enfrentaron los prejuicios usuales que se resumen en la
percepción de que los escritores se mueren de hambre si no se
dedican a otra cosa. “Familiares y amigos me quisieron
convencer de que escribir no es realmente una opción en la
vida y que quienes se dedican a eso terminan en una cuneta”,
dice con una sonrisa. “No fue sino hasta cuando estaba en una
clase se ciencias políticas que Pablo García, un profesor muy
querido, me preguntó: ‘¿qué tú haces aquí?... yo estoy
hablando de cómo son las cosas y tú de cómo deben ser. No
sirves para esto, mejor vete a Humanidades’. Él mismo me llevó
a Literatura para que me orientaran. Luego de eso tomé un
taller de cuento con René Marqués y otro con Pedro Juan Soto…
de ahí ya no hubo vuelta atrás”.
Camus y Cortázar
Con una mirada que no oculta la devoción con la que empezó
su romance con la literatura, Luis asegura que el primer libro
que lo marcó fue El extranjero, de Camus, lectura que le dio
la idea inicial de lo que quería hacer el resto de su vida
cuando apenas comenzaba a ser un adolescente. “Sé que ése no
era un libro propio para la edad que entonces tenía, pero fue
iluminador”, recuerda. “De ahí, el salto a la modernidad lo di
con Cortázar y su cuento Continuidad de los parques, un relato
muy corto que no entendí a la primera lectura. Lo volví a leer
y me dio taquicardia: descubrí el placer estético del poder de
la palabra escrita y me quedé enganchado a ella”.
Miembro de la facultad de la Universidad del Sagrado
Corazón desde mediados de los 80, Luis asevera que no lo mueve
en ese sentido vocación pedagógica alguna y que no es otra
cosa que “un maestro de escritores” que enseña a escribir, tal
y como particularmente lo ha hecho desde hace un par de años
como artífice de la maestría en Literatura Creativa que se
ofrece en esa institución. “Claro que se puede enseñar a
escribir… pero sólo la técnica, de la misma manera que se
enseña a pintar”, explica. “En la pintura se puede enseñar a
mezclar los colores y a dar las pinceladas, pero no a capturar
la esencia de lo que se pinta. Algo así pasa con la
literatura: se enseña la técnica de los diversos géneros, pero
no la magia, esa fina línea donde empieza la literatura y
termina la simple redacción de textos.
En la misma línea de pensamiento, el autor de Seva destaca
que “imaginar es otra cosa que no se enseña”. “No se puede
enseñar a mirar, descubrir, interpretar y convertir en
palabras eso”, acota. “Para eso, entre otras cosas, hay que
leer los clásicos. Esto es vital para entrenar la imaginación
y desarrollar la destreza para contar. Si de algo se quejan
los estudiantes de la maestría en Creación Literaria es
precisamente de la cantidad de obras clásicas que se asignan
para lecturas. La maestría dura dos años y la verdad es que al
cabo de ese lapso el egresado tiene las herramientas para
escribir, pero no se garantiza que será un gran escritor. Es
igual que cuando alguien se gradúa de leyes o medicina: nada
asegura que serán unas eminencias”.
De "Seva" a "Voltaire"
A poco más de veinte años de la publicación de Seva, relato
con el que debutó en el género de lo que él llama “historia
trocada”, Luis retorna al mundo del libro con la publicación
de El corazón de Voltaire, su “ópera prima” en el género de la
novela que se caracteriza formalmente por el uso de la
epístola como recurso narrativo, herramienta atemperada a la
modernidad a través del correo electrónico o “e-mail”, como se
le conoce en el mundo de los internautas.
Sin falsa modestia, Luis asevera que no hay grandes
diferencias entre el escritor que es ahora y el que hace
veinte años escribió su propia versión de la invasión
americana a la Isla en 1898. “En verdad no veo diferencias
sustanciales”, afirma. “Con Seva comenzó mi exploración del
relato histórico que continuó con La verdadera muerte de Juan
Ponce de León, (galardonado con el Premio Nacional de
Literatura del Instituto de Literatura Puertorriqueña en el
2000). Ahora, El corazón de Voltaire es una novela híbrida que
recurre a ese género”.
Luis añade que el uso de la epístola como recurso es algo
antiquísmo que en esta novela se renueva al insertarse en la
realidad globalizante y globalizada de internet. “Lo usual era
que entre carta y carta pasaran muchos días, incluso semanas”,
apunta. “En esta novela no porque todo viaja a la velocidad de
la luz, con varias cartas en un mismo día. Creo que todos los
escritores buscamos desafíos y a mí me pareció que escribir
toda la novela mediante intercambios de correos electrónicos
-sin hacer aclaración alguna- era un reto enorme. Hasta ahora
todos los comentarios han sido muy halagüeños. Siento que,
pese al tema histórico que enmarca el destino del cadáver del
célebre filósofo francés, es una obra de una inmediatez
absoluta por la manera como está contada en el marco de
nuestra realidad electrónica, algo que era inconcebible hace
diez años”.
Con evidente satisfacción, Luis menciona que este libro le
abre las puertas de América y España debido a que la colección
a la que pertenece es distribuida masivamente en esos
contextos geográficos, además de que está en compañía de
escritores consagrados como el brasileño Rubem Fonseca
-ganador hace unos años del Premio Juan Rulfo de la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara- y el cubano Leonardo
Padura, quienes también han escrito para la colección de Norma
“Literatura o Muerte”. Asimismo, en un futuro cercano serán
parte del proyecto escritores de la talla del Premio Nobel
José Saramago y Sergio Pitol, galardonado con el Rulfo en su
edición más reciente.
“¡Imagina el honor que esto significa para mí!”, apunta.
“No sólo se cumple la inquietud de trascender geográficamente,
sino que el hecho de hacerlo con esa compañía es un
privilegio. Por eso agradezco profundamente la invitación que
me hizo el Grupo Editorial Norma, de la misma manera que lo ha
hecho con diversos escritores de tanta prominencia. Esto se
añade al placer que derivo de escribir, ejercicio en el que
nunca he padecido de angustia existencial. Claro que a veces
escribir es un proceso tortuoso pero no me produce agonía. No
soy de los escritores a los que les gusta escribir ‘mirándose
el ombligo’, o sea, que les encanta escribir sobre ellos
mismos. A mí nunca me ha gustado la literatura sobre la
literatura… me aburre muchísimo. Comencé a escribir El corazón
de Voltaire el 15 de abril del año pasado y lo terminé en tres
meses gracias a que Mara, mi esposa, se ocupó del resto del
mundo”.
Escribir para el futuro
Si bien considera que no escribe con un lector específico
en mente, Luis sí sabe para quienes no escribe: los
insoportables intelectuales de altos vuelos y la gente
ignorante. “Nunca he escrito para ellos ni lo haré”, asegura.
“Escribo para las personas con una educación y una cultura
promedios. No me interesa crear fuegos artificiales para
deslumbrar ni hacerlo de manera tan llana que no incite la
razón y la reflexión. No soy una vedette para andar por ahí
promocionándome. También creo que, aunque me leen muy bien en
la actualidad, escribo más para el futuro. El corazón de
Voltaire ha tenido una gran aceptación en el poco tiempo que
lleva en la calle y las reacciones han sido muy estimulantes.
No obstante, siento que es un libro para el futuro”.
Imposible de soslayar, Luis acepta el hecho de que es
sumamente crítico consigo mismo y con los demás, rasgo que le
ha ganado la fama de ser arrogante y soberbio hasta la
saciedad y que él explica sencillamente con el argumento de
que “no acepto la mediocridad en mí y tampoco en los que en
algún momento están a mi alrededor”. “Es simplemente eso: no
lo acepto y tampoco acepto los esfuerzos a medias”, señala.
“Ese es el precio de tener estándares muy altos. Además, cada
día estoy menos dispuesto a negociar con esas cosas. Si nunca
lo he hecho, menos ahora. Si eso es ser 'comem…' pues lo soy,
pero no creo que sea el término correcto. Tengo el privilegio
de hacer lo que amo. Donde quiera que me he parado lo he hecho
de frente y he dicho lo que soy y lo que pienso. Desde 1987
estoy en la Universidad del Sagrado Corazón y con esta
institución he cultivado una relación muy honesta y
gratificante. Ahí creé una campaña para cuidar nuestro idioma
que fue muy famosa y también un programa de redacción para los
medios a nivel de maestría que ha sido de gran valor. Ahora
llevamos dos años con la maestría en Creación Literaria y el
resultado hasta ahora no ha podido ser mejor”.
Hacia el final de la charla, Luis comenta que el lector
puertorriqueño está desorientado respecto a la literatura
local por muchas razones, entre ellas porque no hay más
páginas literarias en los medios masivos de comunicación.
“Pero lo más grave es que el mundo académico del país se aleja
cada vez más del lector común”, afirma categóricamente. “En
este contexto domina el ‘amiguismo’, donde los escritores
doctos escriben los unos para los otros, no para los lectores.
Con la maestría en Creación Literaria estamos sacando la
literatura de la academia y creando escritores que escriban
para los lectores comunes, que son los que más abundan en el
país y que tan distantes están de esa elite intelectual que
cree ser la dueña de la literatura y que se regodea en el
halago mutuo”.