YA NO tienen que imaginarla. Decenas de fanáticos de Isabel
Allende presenciaron el conversatorio entre la escritora
chilena y el periodista de El Nuevo Día, Mario Alegre Barrios,
que tuvo lugar el viernes en la noche frente a la Galería de
Arte de la Universidad Sagrado Corazón, como parte de la
presentación en Puerto Rico de Zorro, su novela más reciente,
en una visita orquestada en comunión por la librería Borders,
la USC y El Nuevo Día.
El doctor José Jaime Rivera -presidente de la institución
anfitriona- dio la bienvenida a la escritora, como parte de un
sencillo protocolo que tuvo a la profesora Nina Torres Vidal
como maestra de ceremonias y al doctor y escritor
Luis López
Nieves como presentador.
La conexión con las emociones de sus lectores que ha
cultivado Allende desde que lanzó su primer relato literario
continúa igual de poderosa. Un público entusiasta siguió
atento las preguntas de Alegre y, al fin, logró descubrir un
poco la personalidad de la vivaracha y coqueta autora.
El mítico personaje del Zorro es explorado por ésta en su
edad temprana.
“Inventar los primeros veinte años de vida del Zorro fue
fascinante porque es un comienzo en el 1800, un tiempo
extraordinario en el mundo cuando las ideas de la Revolución
Francesa estaban cambiando el mundo occidental, así que era
una muy rica época para colocar al personaje”, dijo para luego
destacar la popularidad de éste.
“Es tan conocido el Zorro que en China, 64% de la población
intergeneracionalmente sabe quién es. Yo creo que no hay un
niño que no se haya vestido como él. Así que cuando me
dijeron: ‘¿quieres hacer una novela sobre el Zorro?’ lo
primero que les dije fue: ‘¿qué se han creído?, yo soy una
escritora seria”, narró, para arrancar del público una de las
muchas carcajadas que se escucharon a lo largo de la
velada.
Con el héroe no comparte nada puesto que se describe como
“una abuela de 62 años muy poco atlética, sólo tenemos en
común la obsesión por la justicia y que yo sueño con él”.
El posible sinónimo entre novelista y mentiroso fue
evaluado por la autora. “Uno puede construir una novela con
mentiras pero tiene que tener una raíz de verdad, sino no
funciona porque el lector no se podrá relacionar con ella. A
mí antes me decían mentirosa y ahora que me gano la vida con
esas mentiras soy una narradora”, ironizó.
Radicada hace más de diez años en California, Allende
celebra que “sigo escribiendo en castellano y haciendo todas
las cosas importantes de mi vida en español”.
La alegría de vivir parece recargar sus baterías. “Me crié
con la idea de que la vida es difícil. La felicidad viene por
momentitos, son cosas que se consiguen de vez en cuando, como
chispazos, pero pretender que la vida sea feliz es una
arrogancia horrible”, opina.
Tema obligado de la noche fue el efecto del libro publicado
hace más de una década -Paula-, que relata el último año de
vida de su hija. “La tristeza y el dolor se me fue pasando con
los años y hoy día tengo el recuerdo de ella permanente, me
acuerdo de ella todos los días. La mejor enseñanza de la vida
me la dio Paula mientras estuvo en coma y es que uno sólo
tiene lo que da”, confesó.
La lección dio paso a la Fundación a nombre de su hija que
mantiene, la cual le brinda gran satisfacción ya que continúa
la labor de apoyo en comunidades marginadas que la joven
realizaba. Para los seguidores de la historia agregó feliz que
Ernesto, el antiguo esposo de su hija, se casó con otra chica
que también se llama Paula y nació el mismo día que ésta, es
vecino de Allende y esperan el nacimiento de mellizos en dos
semanas.
Es tanto lo que le agrada el proceso de escritura creativa,
que mantiene su disciplina de 8 a 14 horas diarias frente a la
computadora que tiene en una oficina en el patio de su
casa.
En mente tiene un solo lector. “Pienso en alguien que va a
oír la historia y trato de contarla íntimamente, como si me la
contara mi mamá en la cocina, con esa pasión y esa
intensidad”, menciona y añade que aceptar que el mundo es
misterioso es suficiente aliciente para continuar
escribiendo.
Escribir una novela erótica es una ambición literaria
latente pero le detiene que “mi mamá está viva”.
Como cualquier hija de estos tiempos Allende teme “al poder
impune”. “Al poder que no tiene que rendir cuentas, al de los
padres sobre los hijos, del hombre violento sobre la mujer,
del Estado contra el individuo, de los militares contra los
civiles. Nadie les pide cuentas y, cuando se les pide, nunca
pagan realmente todo el daño que hicieron”, lamenta.
Aunque reconoce ser severa con ella misma -en respuesta
directa a las enseñanzas de su abuelo- le ilusiona “lo mismo
que a los 20 años”. “Me apasionan las mismas causas, la de la
mujer, la de los niños, la justicia, trabajar por la paz y
hasta la ecología, que antes no me interesaba, ahora cada
árbol que cortan que me duele”.
Allende aprovecha su tiempo para “vivir con intensidad,
comer rico, bailar, disfrutar a mis nietos y estar con mi
marido”.
El pasado 8 de enero inició la redacción de su próxima
entrega que sólo quiso describir como “una novela histórica
situada en Chile”.
No vislumbra escribir nuevamente una adaptación
cinematográfica de sus novelas para Hollywood, lugar que
describe como “espantoso”.
“Mi experiencia allí siempre ha sido mala, te prometen
todo, te roban hasta donde pueden y, cuando ya no te
necesitan, te hacen a un lado. Cuando llamas, hasta tienes que
deletrear tu nombre”,
concluye.