El escritor
Luis López Nieves está asombrado por la
diversidad profesional de los alumnos de la maestría en
creación literaria a un año de haberse iniciado esta formación
en la Universidad del Sagrado Corazón (USC), en Santurce.
López Nieves, director de este programa de formación de
escritores, confió a PRIMERA HORA que "me sorprendió mucho la
tremenda acogida, pero lo que más ha llamado mi atención es la
composición estudiantil".
El intelectuaL puertorriqueño, que en la actualidad trabaja
en su novela "El corazón de Voltaire", que publicará el Grupo
Editorial Norma en su serie Literatura o Muerte, especifica
que "contrario a la mayoría –o quizás todas– las otras
maestrías, muchos de nuestros alumnos ya son profesionales con
estudios posgraduados, como médicos o abogados".
El escritor es contundente al confesar que "ésta ha sido la
gran sorpresa" de la maestría en creación literaria, que la
USC comenzó hace un año como respuesta al reclamo de muchos de
los participantes en los talleres de cuentos impartidos por el
propio López Nieves.
"Tenemos desde médicos, abogados, ingenieros y profesores
universitarios, hasta estudiantes recién graduados de
bachillerato. Nos place saber que los escritores han
identificado nuestra maestría como el lugar para aprender a
escribir literatura", señaló el autor de "La verdadera muerte
de Juan Ponce de León".
El catedrático subrayó que una de las razones detrás de
esta diversidad de profesionales en esta maestría de la USC es
que, como en el caso de los estudiantes de leyes, "partimos de
la premisa de que el solicitante (para formarse en creación
literaria) tiene deseos de ser escritor, pero le faltan las
destrezas o los estudios".
El doctor Luis López Nieves resaltó que la maestría se ha
diseñado con el objetivo de que los alumnos adquieran en dos
años lo que "normalmente muchos escritores aprenden por su
cuenta en 10 o 15 años".
Al culminar este primer año de estudios universitarios
hacia la formación de escritores, el catedrático exhortó a los
jóvenes interesados en desarrollar una carrera literaria a
adquirir los instrumentos formativos necesarios que coadyuven
en su proceso creativo.
El consagrado escritor colombiano Gabriel García Márquez
ha dicho más de una vez –y en otras quizás tan sólo se le
atribuye– que el periodismo ha sido puntal en su carrera
literaria, con la cual ha alcanzado fama mundial y el más
codiciado de los premios en este ámbito, el "Nobel de
Literatura", que se le confirió en 1982.
Quizás por eso, cada vez que tiene oportunidad, insiste en
las bondades del periodismo, que nunca ha dejado de ejercer y
que tantos detractores gratuitos tiene en todos lados.
De ahí que no es de extrañar que en estos días haya
reclamado que al periodismo se le proporcione "el
reconocimiento como género que posee la poesía, el teatro y
tantos otros".
Al ofrecer las palabras iniciales del seminario "El futuro
del periodismo y el desarrollo profesional de los periodistas
de América Latina", en la caribeña ciudad colombiana Cartagena
de Indias con la asistencia de 50 editores de América y
Europa, que "el periodismo merece no sólo una nueva gramática,
sino también una nueva pedagogía y una nueva ética del
oficio".
El laureado autor de "Cien años de soledad", quien
intervino en el evento en el marco del décimo aniversario de
la Fundación Nuevo Periodismo (FNPI), de la cual fue motor en
su creación, quizás extrema su amor por el periodismo con ese
planteamiento de que debe verse como género literario.
Es cierto que hay un periodismo que marcha de la mano con
la literatura y otro que puede considerarse por sí mismo
literatura. Pero la verdad es que no todo periodismo es
literatura, como no toda la poesía o teatro puede considerarse
tal.
También es verdad que muchos buenos reporteros hacen
ficción. No hay que olvidar a Janet Cooke, quien en 1981 ganó
el premio "Pulitzer" por su conmovedor reportaje en The
Washington Post sobre "Jimmy", un niño negro de 8 años
cocainómano y heroinómano, que llevaba una vida paupérrima en
una zona de la capital de Estados Unidos. Todo pura invención,
que nunca detectaron ni sus jefes ni los que le confirieron el
galardón, que después devolvió.
Tampoco debemos olvidar a Jayson Blair, aquel brillante
cronista de 27 años que con sus falsificadas y plagiadas
historias consiguió que el director ejecutivo de The New York
Times, Howell Raines, y el jefe de redacción, Gerald Boyd,
presentaran su dimisión al diario en el primer semestre del
año pasado.
Este periodismo de ficción ha sido realmente un dolor de
cabeza para los ejecutivos de ambos prestigiosos rotativos
estadounidenses, lo que confirma que cuando el periodismo se
convierte en literatura corre el peligro de la distorsión, el
divorcio de la ética, un aspecto que sabemos García Márquez
defiende con firmeza.
Y es que como ha dicho el prestigioso escritor nacido en
Aracataca hace 77 años: "La ética no es ocasional, sino que
debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido del
moscardón".