| En estos
días, la Universidad del Sagrado Corazón ha dado un histórico y
titánico paso en la educación puertorriqueña. Anunciando, por todo
lo alto, que a partir de agosto de este año, ofrecerá una maestría
en Creación Literaria, bajo el ojo clínico y magnífico, del no
menos clínico y magnifico literato, el Dr. Luis López Nieves.
Decía, en el estreno de esta columna, un
“titánico paso” debido a que tradicionalmente la “Academia” ha
dejado fuera al creador de literatura. Es raro encontrar a un
escritor medular, cuyos estudios formales repiquen en un “Phd” en
dicha área de la creación incendiaria.
Mencionamos, por ejemplo, al escritor
vivo de mayores galardones en la literatura universal, Gabriel
García, el “Gabo”. Este genial escribidor, no terminó sus estudios
formales, aprendiendo su oficio como debe ser, “a pura lectura, a
pura intensidad de vida vivida y a pura reflexión de luz”.
Todas esas “purezas mundanales” las
consolidó con un estudio “autodidacta” que le brindaron las armas
literarias, las técnicas narrativas, los malabarismos de la
palabra y las mañas del ingenio, suficiente como para ostentar una
de las obras escritas de mayor trascendencia y esencia universal
que se ha escrito en toda nuestra lengua castiza.
La razón de la historia del Gabo, así
como de muchas historias de escritores geniales y “autodidactas”,
es sencilla. El creador no tiene cabida en unos estudios parecidos
a “un camisón de 22 varas”, ya que las “once” mencionadas
tradicionalmente no les basta a la “Academia” doctoral.
Sus espíritus libres y cuestionantes,
acostumbrados a cabalgar mucho más allá del amor a primera vista y
asentados por sus intuiciones creativas hacen que bostecen frente
al estudio formal. En ese lugarejo del conocimiento “come y vete”
el cúmulo de fechas memorizadas, la descripción babosa de
acontecimientos y el ataponamiento de la información en letanías,
recicla, el vano, mondo y lirondo efecto de imponerle un bozal a
la creación artística. Esto, mientras se doctoran de eruditos en
tal o cual materia de la literatura.
Como creador, siempre le he guardado un
resquemor en el alma a todo lo que representa al Departamento de
Estudios Hispánicos, o a cualquier facsímil
irrazonable, cuyo gula por el saber al detalle, por pavonear citas
librescas y demás arrogancias de la “Academia”, mata la
espontaneidad vital del aspirante a la creación.
Ciertamente, de esa educación han salido
excelentes críticos literarios, como mediocres de punta a punta.
De los primeros, Doña Margot Arce, Josémilio González y muchos
otros de una cepa bondadosa y genial en peligro de extinción.
De los segundos, existe algo peor.
Algunos, se amanceban en columnas de periódicos, impartiendo sus
críticas literarias con mala leche e injusticias, muchas veces
frustrados por su incapacidad evidente e invidente de ser
creadores. Lo único que les queda es apertrecharse en grupillos
para su auto bombo y favorecer a sus amiguitos, y hermanos de esa
logia imprudente.
Dentro de todo este maremagno, el Sagrado
Corazón ofrece a manos llenas la esperanza a muchos creadores,
incrustados en la actualidad en “callejones sin salida” y “sin
entrada”. El currículo planteado convoca a talleres de cuento y
narración novelesca, teoría e historia del cuento y la novela, al
estudio puntilloso de las grandes obras en la narrativa universal
e hispánica.
Todo este menú académico, puesto y
dispuesto al servicio de brindarle al creador las herramientas
literarias para desarrollar el arte de apalabrar la vida y mutar
la fantasía en realidad memorable y vivencial.
Con un breve, pero medular examen del
Programa de Maestría del Sagrado reconocemos la inquieta y certera
mano de Luis López Nieves, quién ha vivido en carne propia los
desmanes elitistas de la “Academia” endémica.
Este innovador, como sorpresivo letrado,
en su sentido literal, ha quemado muchas neuronas sesudas en
nombre de su oficio y vocación de bien, que ha sido para nuestro
orgullo patrio, el perpetuo estimular al artista de la palabra
para que encuentre su vórtice y originalidad. Sé, porque lo hemos
hablado extensamente, que para Luis el creador se hace en la
medida en que se descubre y redescubre.
Las técnicas del escribiente, necesarias
para su desarrollo pleno y pertinencia de oficio es el medio
práctico para romper de una vez y para siempre el alegado derecho
a la intimidad del escritor, consagrado en las constituciones
universales. En un literato, ese derecho no vale, no encaja
humanamente hablando, debido a lo que perpetuamente hace y deshace
con las oraciones, los párrafos y las letras es ventear al mundo
sus deseos más íntimos e intimidantes, sus visiones de vida aunque
lo cieguen, sus fantasías más feroces, sus sueños más despiertos.
Saludamos, con cabal alegría y gozo de
espíritu, la provocación de esta Maestría para creadores.
Saludamos a esta citación al reencuentro con todo lo perdido en
nuestros fueros, gracias a la desgracia de una educación forzosa,
sectarizante, tuerta, arrogantona y castrante en su sentido más
destemplado y desesperante.
Saludamos a todos estos pioneros del
Sagrado Corazón que han dado un paso adelante, haciendo respetar
al poeta de la palabra narrada, cuya pluma o computadora es su
vida, su sacerdocio, su amor al prójimo y su trascendencia.
¡Enhorabuena!
FIN |