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Con el reciente
lanzamiento de la séptima edición de El cuento
hispanoamericano, Seymour Menton es el claro ejemplo de un
antólogo responsable y dispuesto a ganarle la batalla al auge
de las tendencias literarias.
El libro se
publicó por primera vez en 1964 y desde entonces las
sucesivas
ediciones, bajo el Fondo de Cultura Económica (FCE), no lo
dejan envejecer ni convertirse en un material obsoleto; al
contrario, su actualización periódica lo hace
figurar, casi cuarenta años después, entre las más modernas
antologías del cuento hispanoamericano.
De modo que a
partir de esta nueva edición sería erróneo definir esta
antología como un muestrario del cuento hispanoamericano del
siglo XX. Pues la inclusión de autores como el puertorriqueño
Luis López Nieves, el peruano Jorge Ninapayta de la Rosa y los
panameños Gloria Guardia y Justo Arroyo, propician una
mirada más que renovadora, por no decir
bicentenaria.
Menton dice que
"los cuatro nuevos cuentos escogidos para esta edición y
escritos por autores nacidos en 1936, 1940, 1950 y 1957,
forman parte de tomos que han recibido premios nacionales, o
en el caso de Muñequita linda (de Ninapayta) el cuento
recibió el Premio Internacional Juan Rulfo de París en
1998".
Ahora, lo que no
deja de llamarme la atención es la opinión de Menton antes de
explicar la presencia de dichos autores.
"Hasta la
fecha" —dice— "los
autores nacidos en los sesenta todavía no han publicado
ninguna colección de cuentos verdaderamente sobresaliente,
aunque confieso no haberlas leído todas. Por ejemplo, no he
leído (es posible que no se haya publicado) Homero haciendo
sapping, de Juan Carlos Chirino (1967), premiado en
Caracas en 2002 (...)
Chirino, quien
vive actualmente en España, pertenece al grupo de los
'narrazolano'".
(pag.
670)
O
sea, que viniendo
precisamente de un académico como Menton, la opinión no deja
de ser una de las más contundentes sobre la narrativa breve
hispanoamericana actual, aunque la misma flaquea, digamos que
de manera consciente, en la sabia confesión
de "no haberlas
leído todas".
Sin embargo, creo
que la frase —la subrayo por
curiosidad meramente periodística— pone a
salvo el merecido prestigio del antólogo, y
abre
la posibilidad a una revisión más
profunda sobre los
autores de los sesenta que, sin duda alguna, tendrán que
aparecer en un próximo
capítulo de futuras ediciones
del libro.
Librusa.com,
27 de julio de 2003
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