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Seymour Menton, relatos y confesiones de un gringo viejo
 6-Nov-03
De visita en México para asistir al homenaje organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 
Menton publicará relatos que abarcan su niñez en el Bronx, así como sus andanzas en México y Cuba Foto:Mónica González  
Por décadas, la creación literaria fue el escenario que el neoyorquino Seymour Menton sólo se aventuró a visitar a través de la crítica. Es decir, mediante ese ejercicio “cerebral y analítico” que siempre lo anima a “descifrar los secretos de las obras” con el afán de averiguar por qué algunos escritos llegan a ser considerados como obras maestras y otros no.

“Nunca he cultivado la creación literaria porque no tengo demonios escondidos”, decía en entrevistas sin saber que estaba cerca de hallar la inspiración que siempre imaginó ajena a su persona y que hoy lo mantiene en la antesala de la publicación de su primer libro de relatos.

De visita en México para asistir al homenaje organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el autor de Historia verdadera del realismo mágico (1998) y El cuento costarricense (1964), adelanta que esta primera incursión literaria, que aparecerá con el sello del Fondo de Cultura Económica, contempla la presentación de 15 relatos que son 90 por ciento verdad y 10 por ciento “exageración y mentira”. El título será Un tercer gringo viejo. Relatos y confesiones.

Superados los 50 años de labor crítica, este hombre con más de siete décadas de historia ha encontrado el valor y el coraje que requiere todo momento de transformación y ruptura. En realidad, reconoce que la decisión de hacer públicos esos relatos, que abarcan su niñez en el Bronx, su vida como universitario y catedrático y sus andanzas por México, Cuba, Guatemala, Costa Rica y Venezuela; han impactado en su personalidad hasta hacerlo una persona más juguetona y bromista. “Ahora, mi hijo suele decir con frecuencia que el nuevo papá está hablando”.

La publicación, que espera saldrá en breve, reunirá numerosas fotografías que comprueban la veracidad de aquellos fragmentos que podrían parecerle exagerados al lector. “Por ejemplo, tengo un relato sobre la familia de mi madre, quien era una de seis hermanas inteligentes, fornidas y dominadoras. De ahí que yo diga que me salvé de ser misógino gracias a que ellas eran muy adictas a la risa. El volumen, obviamente, contará con una foto donde aparecen las seis riendo a todo pulmón”.

Siendo que los homenajes siempre dan paso a momentos de reflexión, Menton menciona que a lo largo de su vida ha aprendido que es necesario, “pero nunca decisivo”, conocer la biografía del autor de la obra estudiada; así como emprender un análisis de la situación sociopolítica en que surge el texto.

“Cuando tuve una aproximación crítica a Los de abajo de Mariano Azuela, me pareció, en principio, que estaba leyendo una epopeya de la revolución mexicana. Me refiero a una epopeya en el sentido de las grandes historias griegas. Después, conforme fui conociendo más sobre su vida descubrí que, efectivamente, Azuela estudió griego. Lo mismo me sucedió al desarrollar trabajos críticos en torno a la obra de José Revueltas, trabajo que pude redondear gracias a que, de antemano, sabía que él fue miembro del partido comunista”.

La influencia de Cien años de soledad

Tras aclarar que su aproximación a la literatura puede definirse con dos palabras: escrutinio y caminata, el también creador de La nueva novela histórica de la América Latina 1979-1992 (1993), asegura que una de las obras que más le han impresionado es, sin duda, Cien años de soledad.

Al respecto, menciona que en un encuentro con Gabriel García Márquez —ocurrido en Guadalajara en 1992— se acercó al escritor para decirle, sin temor a equivocarse: “Tú me has cambiado la vida. Después de enseñar, por lo menos diez veces tu novela, me he contagiado. Tú me has enseñado a exagerar, a distorsionar y, más que nada, a mentir”.

Añade que, después de tales palabras, explicó al colombiano que la mentira se ha convertido en parte esencial de su enseñanza a las nuevas generaciones. “Eso quiere decir que cuando estoy con mis alumnos doy comentarios que son totalmente falsos con el objetivo de que alguno de mis pupilos me corrija. Lo que me interesa es que los jóvenes aprendan a escuchar bien y a desconfiar de las voces hegemónicas”.

Menton no cree en las presiones del mercado editorial. No obstante, a sesenta años de su primera visita al país, comenta que sí ha habido cierta influencia de algunos de los editores con los que ha trabajado. Tal es el caso de Adolfo Castañón, quien en el Fondo de Cultura Económica lo impulsó a reunir sus escritos en el volumen Caminata por la Narrativa Latinoamericana (2002), donde reconoce que la objetividad absoluta es imposible. “Lo que no impide que el crítico serio haga el mayor intento de alcanzar el 94.6 por ciento de objetividad. Para lograr este porcentaje, el crítico serio tiene que reconocer y rechazar sus predisposiciones tanto afectuosas como ideológicas”.

Para finalizar, alude a uno de sus temas más visitados, la situación de la narrativa Latinoamericana, para sostener que la literatura creada en esta región sigue estando en auge. “Los críticos que hablan del boom de los sesenta lo hacen como si se tratara de una tendencia literaria e incluyen al realismo mágico como el punto central de esos autores, siendo que ni Carlos Fuentes ni Mario Vargas Llosa lo cultivaron. No comprenden que, hoy en día, publicaciones como el New York Times Book Review y otras ediciones europeas prestan tanta atención a los autores latinoamericanos como antes”, como en aquellos supuestos años de gloria.

Un best seller literario

En el marco del homenaje al crítico estadunidense, el Fondo de Cultura Económica presentará la séptima edición de la antología El cuento hispanoamericano, obra que se ha convertido en un verdadero best seller al superar los más de 300 mil ejemplares vendidos desde su primera aparición en 1964.

Sobre esta nueva edición, Seymour Menton menciona que aparecen cuatro cuentos que no habían sido incluidos en su obra. Se trata de obras escritas por el puertorriqueño Luis López Nieves, el peruano Jorge Ninapayta de la Rosa y los panameños Gloria Guardia y Justo Arroyo.

Tales autores nacieron entre 1930 y 1950. Lo que significa que este libro —que ya es texto básico en todas las instituciones académicas con facultad de Filosofía y Letras— no hace referencia a las generaciones de escritores más jóvenes.

En términos del especialista, esto no significa que las generaciones que están emergiendo en el universo literario estén copiando los patrones establecidos por maestros como Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez o Julio Márquez. Su ausencia —explica— responde a que después de indagar en numerosas antologías que refieren obras de autores nacidos en los setenta encontró cuentos que eran “buenos, pero no extraordinarios”.

Esta opinión, puede aclararse al leer el prólogo de su nueva edición de El cuento Hispanoamericano, donde indica que suele tratar al cuento desde cuatro ángulos: “como una indicación del desarrollo del género, como una manifestación del movimiento literario vigente, como reflejo de la gestación de una literatura ya no hispanoamericana, sino nacional; y como una obra de arte con valores universales”. Estas cualidades, añade, rara vez convergen. “Más bien, están en pugna constante”.

Miryam Audiffred, Ciudad de México


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