De visita en México para asistir al homenaje
organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la
UNAM.
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publicará relatos que abarcan su niñez en el Bronx,
así como sus andanzas en México y Cuba Foto:Mónica
González |
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Por
décadas, la creación literaria fue el escenario que el
neoyorquino Seymour Menton sólo se aventuró a visitar a través
de la crítica. Es decir, mediante ese ejercicio “cerebral y
analítico” que siempre lo anima a “descifrar los secretos de
las obras” con el afán de averiguar por qué algunos escritos
llegan a ser considerados como obras maestras y otros
no.
“Nunca he cultivado la creación literaria porque no
tengo demonios escondidos”, decía en entrevistas sin saber que
estaba cerca de hallar la inspiración que siempre imaginó
ajena a su persona y que hoy lo mantiene en la antesala de la
publicación de su primer libro de relatos.
De visita en
México para asistir al homenaje organizado por la Facultad de
Filosofía y Letras de la UNAM, el autor de
Historia
verdadera del realismo mágico (1998) y
El cuento
costarricense (1964), adelanta que esta primera incursión
literaria, que aparecerá con el sello del Fondo de Cultura
Económica, contempla la presentación de 15 relatos que son 90
por ciento verdad y 10 por ciento “exageración y mentira”. El
título será
Un tercer gringo viejo. Relatos y
confesiones.Superados los 50 años de labor
crítica, este hombre con más de siete décadas de historia ha
encontrado el valor y el coraje que requiere todo momento de
transformación y ruptura. En realidad, reconoce que la
decisión de hacer públicos esos relatos, que abarcan su niñez
en el Bronx, su vida como universitario y catedrático y sus
andanzas por México, Cuba, Guatemala, Costa Rica y Venezuela;
han impactado en su personalidad hasta hacerlo una persona más
juguetona y bromista. “Ahora, mi hijo suele decir con
frecuencia que el nuevo papá está hablando”.
La
publicación, que espera saldrá en breve, reunirá numerosas
fotografías que comprueban la veracidad de aquellos fragmentos
que podrían parecerle exagerados al lector. “Por ejemplo,
tengo un relato sobre la familia de mi madre, quien era una de
seis hermanas inteligentes, fornidas y dominadoras. De ahí que
yo diga que me salvé de ser misógino gracias a que ellas eran
muy adictas a la risa. El volumen, obviamente, contará con una
foto donde aparecen las seis riendo a todo
pulmón”.
Siendo que los homenajes siempre dan paso a
momentos de reflexión, Menton menciona que a lo largo de su
vida ha aprendido que es necesario, “pero nunca decisivo”,
conocer la biografía del autor de la obra estudiada; así como
emprender un análisis de la situación sociopolítica en que
surge el texto.
“Cuando tuve una aproximación crítica a
Los de abajo de Mariano Azuela, me pareció, en principio, que
estaba leyendo una epopeya de la revolución mexicana. Me
refiero a una epopeya en el sentido de las grandes historias
griegas. Después, conforme fui conociendo más sobre su vida
descubrí que, efectivamente, Azuela estudió griego. Lo mismo
me sucedió al desarrollar trabajos críticos en torno a la obra
de José Revueltas, trabajo que pude redondear gracias a que,
de antemano, sabía que él fue miembro del partido
comunista”.
La influencia de Cien años de
soledad
Tras aclarar que su aproximación a la
literatura puede definirse con dos palabras: escrutinio y
caminata, el también creador de
La nueva novela histórica
de la América Latina 1979-1992 (1993), asegura que una de
las obras que más le han impresionado es, sin duda,
Cien
años de soledad.Al respecto, menciona que en un
encuentro con Gabriel García Márquez —ocurrido en Guadalajara
en 1992— se acercó al escritor para decirle, sin temor a
equivocarse: “Tú me has cambiado la vida. Después de enseñar,
por lo menos diez veces tu novela, me he contagiado. Tú me has
enseñado a exagerar, a distorsionar y, más que nada, a
mentir”.
Añade que, después de tales palabras, explicó
al colombiano que la mentira se ha convertido en parte
esencial de su enseñanza a las nuevas generaciones. “Eso
quiere decir que cuando estoy con mis alumnos doy comentarios
que son totalmente falsos con el objetivo de que alguno de mis
pupilos me corrija. Lo que me interesa es que los jóvenes
aprendan a escuchar bien y a desconfiar de las voces
hegemónicas”.
Menton no cree en las presiones del
mercado editorial. No obstante, a sesenta años de su primera
visita al país, comenta que sí ha habido cierta influencia de
algunos de los editores con los que ha trabajado. Tal es el
caso de Adolfo Castañón, quien en el Fondo de Cultura
Económica lo impulsó a reunir sus escritos en el volumen
Caminata por la Narrativa Latinoamericana (2002), donde
reconoce que la objetividad absoluta es imposible. “Lo que no
impide que el crítico serio haga el mayor intento de alcanzar
el 94.6 por ciento de objetividad. Para lograr este
porcentaje, el crítico serio tiene que reconocer y rechazar
sus predisposiciones tanto afectuosas como
ideológicas”.
Para finalizar, alude a uno de sus temas
más visitados, la situación de la narrativa Latinoamericana,
para sostener que la literatura creada en esta región sigue
estando en auge. “Los críticos que hablan del
boom de
los sesenta lo hacen como si se tratara de una tendencia
literaria e incluyen al realismo mágico como el punto central
de esos autores, siendo que ni Carlos Fuentes ni Mario Vargas
Llosa lo cultivaron. No comprenden que, hoy en día,
publicaciones como el
New York Times Book Review y
otras ediciones europeas prestan tanta atención a los autores
latinoamericanos como antes”, como en aquellos supuestos años
de gloria.
Un best seller literario
En el marco
del homenaje al crítico estadunidense, el Fondo de Cultura
Económica presentará la séptima edición de la antología
El
cuento hispanoamericano, obra que se ha convertido en un
verdadero best seller al superar los más de 300 mil ejemplares
vendidos desde su primera aparición en 1964.
Sobre esta
nueva edición, Seymour Menton menciona que aparecen cuatro
cuentos que no habían sido incluidos en su obra. Se trata de
obras escritas por el puertorriqueño
Luis López Nieves, el
peruano Jorge Ninapayta de la Rosa y los panameños Gloria
Guardia y Justo Arroyo.
Tales autores nacieron entre
1930 y 1950. Lo que significa que este libro —que ya es texto
básico en todas las instituciones académicas con facultad de
Filosofía y Letras— no hace referencia a las generaciones de
escritores más jóvenes.
En términos del especialista,
esto no significa que las generaciones que están emergiendo en
el universo literario estén copiando los patrones establecidos
por maestros como Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Gabriel
García Márquez o Julio Márquez. Su ausencia —explica— responde
a que después de indagar en numerosas antologías que refieren
obras de autores nacidos en los setenta encontró cuentos que
eran “buenos, pero no extraordinarios”.
Esta opinión,
puede aclararse al leer el prólogo de su nueva edición de
El cuento Hispanoamericano, donde indica que suele
tratar al cuento desde cuatro ángulos: “como una indicación
del desarrollo del género, como una manifestación del
movimiento literario vigente, como reflejo de la gestación de
una literatura ya no hispanoamericana, sino nacional; y como
una obra de arte con valores universales”. Estas cualidades,
añade, rara vez convergen. “Más bien, están en pugna
constante”.