El arte de inventar la Historia
domingo,
9 de diciembre de 2001
Por Mario Alegre Barrios
End.malegre@elnuevodia.com
Luis
López Nieves, flamante ganador del Primer Premio del Instituto de
Literatura Puertorriqueña.
Juan
Alicea / El Nuevo Día |
|
Arte y cultura
AÚN RECUERDA el día que descubrió que la Historia
no existe o que, en el mejor de los casos, es un invento tan plural como
personas hay dispuestas a escribirla.
Desde entonces, Luis López Nieves comenzó a encontrar
su voz y a ponerla al servicio de esa vocación por la palabra que
acaba de tener una nueva epifanía en el galardón concedido
por el Instituto de Literatura Puertorriqueña por su libro
La verdadera
muerte de Juan Ponce de León, obra distinguida con el Primer Premio
como la mejor de lo publicado durante el pasado año por el jurado
de esa institución, adscrita a la Universidad de Puerto Rico.
Con una obra articulada en el cauce de la historia considerada como
"oficial" y transformada por el privilegio que le asiste de escribir la
suya propia, Luis señala que el descubrimiento de esta realidad
lo alcanzó cuando se acercaba a los treinta y había pasado
buena parte de su vida leyendo ese género con pasión desbordada.
"Fue un momento de iluminación", asevera. "Me di cuenta de que la
Historia es tan subjetiva como la Literatura… cada cual la escribe desde
su perspectiva. Los españoles escribieron su Cid, los ingleses su
Rey Arturo y los norteamericanos afirman que Washington nunca dijo una
mentira, por ejemplo. Los pueblos se inventan a sí mismos y deciden
en qué y en quién creen."
Respecto al Primer Premio de Literatura -que será entregado en
enero del próximo año en el Ateneo Puertorriqueño-,
Luis comenta que nunca ha concursado en certamen alguno y que se imagina
que fue la editorial la responsable de que su libro más reciente
haya sido considerado. "Para mí los premios nunca han significado
gran cosa… lo realmente importante es el premio que me dan los lectores
cuando me leen. Seva lleva ya once ediciones y, Escribir para Rafa, tres.
Este es el premio verdadero. Ahora bien, este premio lo han obtenido figuras
como René Marqués, Enrique Laguerre y José Luis González,
por ejempo. Se trata de un reconocimiento no ya del público, sino
de los pares. Esto le da su propio valor y lo agradezco profundamente."
Consciente de que no resulta simpático para infinidad de personas,
Luis reconoce que esa animosidad no es gratuita y que él ha sido
-en parte-, responsable de ella. "Nunca aprendí a ser diplomático
y me formé académicamente para decir la verdad siempre",
ilustra. "Cuando regresé a Puerto Rico, después de haber
estudiado mi doctorado en Nueva York, me percaté de que eso no funciona
aquí y que, por el contrario, te marca como una persona desagradable.
Aquí hay dos caminos: te ganas a la gente con hipocresía
o con la verdad, aunque con esta última pierdes más personas
de las que ganas. Mi selección es obvia. También me he dado
cuenta de que en Puerto Rico el éxito ajeno se toma como una ofensa
personal."
Autor -entre otras cosas-, de la ya célebre campaña sobre
el idioma, de la Universidad del Sagrado Corazón, Luis asevera que,
como escritor, rechaza de plano la verborrea empalagosa. "Esa selva de
palabras llena de barroquismo me horroriza", apunta. "He encontrado mi
propia voz y escribo como soy y como pienso, sin adornos. Me gusta contar,
sobre todo porque soy más lector que escritor."
Como corolario, Luis admite que no tiene relación con Dios. "No
puedo", señala. "Después de haber leído tanta historia
y descubrir cómo nos ha llegado esa noción y nos hemos inventado
tantas cosas, es imposible creer en Dios. Eso no es importante en mi vida.
Por otro lado, hago lo que me place: escribir, leer y viajar. Dispongo
de mi tiempo y eso me hace inmensamente rico. Sé que no escribo
para el presente… escribo para el futuro, para la gente que exista dentro
de cien años."
Aunque es catedrático del Programa Graduado de Comunicación
de la USC y director del Taller de Cuento de esta institución, Luis
rechaza que lo aliente una vocación pedagógica en el sentido
tradicional del concepto. "No tengo vocación pedagógica",
afirma. "Estudié literatura para aprender literatura, no para ser
profesor. Enseño porque mi vocación y mi pasión es
el idioma. No enseño literatura, simplemente enseño a escribir."
Luis López Nieves
-Autor de Seva, Escribir para Rafa y La verdadera muerte de Juan Ponce
de León
-Doctor en Literatura comparada por la Universidad del Estado de Nueva
York
-Catedrático y director del Taller de Cuento de la Universidad
del Sagrado Corazón
-Autor de la campaña de servicio público sobre el idioma
de la USC |