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Querida Eudocia:
¿Qué es la historia?
Cristóbal Colón llegó a América en el 1492. Pero ¿qué significa este
dato? La historia no debe ser una simple enumeración de datos,
también debe explicar lo que significan.
Algunos historiadores interpretan la llegada de Colón como un acto
de honor, valentía, hombría, hidalguía... y de otras idioteces
parecidas. Otros historiadores, en cambio, interpretan el mismo acto
como el comienzo de una campaña de genocidio como nunca se había
visto en el mundo. Es decir, como el inicio de una empresa criminal,
sin honor, sin valentía, sin hombría, etc.
De hecho, ahora mismo tenemos un ejemplo muy parecido. En Irak “un
ejército extranjero derribó al gobierno existente en el 2003”. Este
es un dato indiscutible. Al interpretarlo, miles de historiadores
dirían lo siguiente: “El ejército norteamericano llegó a Irak para
liberarlo de la tiranía”. Otros miles dirían lo contrario: “El
ejército norteamericano invadió Irak con fines imperialistas”. Por
un lado, liberación; por el otro, dominación.
¿Cuál es la verdad histórica?
De aquí a 30 años, en el 2038, algunos libros de “historia” hablarán
de la “liberación” de Irak en el 2003 y otros hablarán de la
“invasión” en el 2003. ¿Cuál de estos dos libros contendrá la
verdadera historia de Irak? ¿Cuál estará delirando? ¿Es posible que
ambos digan la verdad?
Por eso pienso, querida Eudocia, que la historia realmente no
existe. Lo que existe es la literatura. Dentro de la literatura,
como ya sabes, hay cinco géneros clásicos: poesía, drama, ensayo,
cuento y novela. Añado que también se debe incluir la historia como
un sexto género literario.
Hay escritores que cuentan historias basadas en la imaginación o
inspiradas en datos históricos: las llaman novelas o cuentos. Hay
escritores que redactan narraciones partiendo de datos concretos y
con todo un aparato erudito o seudocientífico... y luego llaman
“historia” a las páginas que producen. Pero discrepo: en realidad
han creado literatura, dentro del género llamado “historia”.
Ha llegado el momento de llamar a la historia por su verdadero
nombre. Y no hay que avergonzarse. No está mal que la historia sea
un género literario porque cada país tiene derecho a construir su
propia imagen.
Observa la imagen de sí mismos que han fabricado los
norteamericanos: alegan que el primer presidente (un político) jamás
dijo una mentira. En Francia la heroína nacional es una virgen de
diecinueve años, Juana de Arco, que recibía asesoría militar
directamente de Dios. Y en España convirtieron en héroe nacional
cristiano a El Cid, un mercenario de tercera categoría que se vendía
al mejor postor, ya fuera cristiano o musulmán. Como éstos, hay
muchos otros ejemplos en el mundo.
Antes era más fácil crear una leyenda o un mito. Ahora es más
difícil porque falta un ingrediente importante: la distancia. Si le
decimos a una persona normal, en la calle, que san Francisco de Asís
conversaba con su burro, pues es posible que acepte este dato como
una verdad incuestionable y hasta digna de elogio. Pero si le
decimos a la misma persona que nuestro vecino dialoga todas las
mañanas con un burro, la reacción probablemente sea diferente:
pensará que nuestro vecino necesita ayuda siquiátrica. La distancia
es la gran aliada de los mitos.
¿Qué es la historia? Al lado de las sillas de los novelistas y
cuentistas, ha llegado la hora de colocar un sillón grandote para
los historiadores. Que tomen asiento con la frente muy en alto. Ya
es tiempo de que salgan del clóset literario.
Te besa tu hermano,
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