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Querida Eudocia:
En el 1492 los aborígenes de América
descubrieron a un tal Cristóbal Colón que andaba perdido por el
Atlántico con una pandilla de españoles. Los rescataron y les dieron
comida, pero luego cometieron la imprudencia de no matarlos a todos.
Los indios de América no tenían forma de conocer el precio que
habrían de pagar por este error impresionante. Primero los españoles
plantaron bandera en el Caribe, México, América del Norte y América
del Sur. Luego empezaron a llegar portugueses, franceses, ingleses,
holandeses... y hasta pálidos daneses. Como una plaga furiosa estos
colonizadores europeos se regaron por todos los rincones de América.
Así fue que Europa Occidental comenzó a repartirse el mundo. América
fue una especie de ensayo, porque poco después empezaron a dividirse
otro continente: África. En este caso los pedazos más grandes
cayeron en manos de Francia e Inglaterra, ya que a España le daba y
sobraba con América.
Luego le tocó el turno a Asia. Inglaterra agarró países que hoy día
se conocen como India y Paquistán, al igual que otros más pequeños
como Myanmar, Sri Lanka, etcétera. En el lejano oriente, Francia de
apoderó de Vietnam, Camboya, Laos y otros países, a los que llamaba
Indochina. Las Filipinas ya pertenecían a España. Inglaterra se
apoderó de Australia. Todas las potencias europeas estaban metidas
en China, a la que intentaron desmembrar poco a poco... pero sin
éxito.
Así, como si fuera la gestión más natural del mundo, los países de
Europa Occidental se repartieron el planeta. Para justificar sus
acciones se valieron de falsas excusas, que casi siempre eran las
mismas. España, por ejemplo, le decía al mundo que debía conquistar
a los indígenas de América porque eran idólatras, salvajes y
caníbales. Por tanto, había que educarlos, llevarles religión y
gobernarlos, porque ellos mismos no se sabían gobernar. Es decir,
desde la perspectiva de los españoles, no se trataba de una
conquista, sino de una desinteresada labor de educación moral. Los
franceses e ingleses argumentaban igual. No estaban en África y en
Asia para conquistar, sino para “civilizar a los salvajes”. Y en el
mundo entero había millones de ingenuos que se creían estas
mentiras.
A partir de la Primera Guerra Mundial, en el 1914, los países de
Europa Occidental perdieron la primacía mundial, que pasó a manos
del nuevo Imperio del Norte. Desde entonces las naciones europeas
sólo conquistan cuando el nuevo amo mundial les da permiso. Se
utiliza el término “Occidente” para denominar al Imperio del Norte y
a los países ex imperialistas que ahora son sus sirvientes.
Actualmente Occidente tiene bases militares en el mundo entero.
Tanto Francia como Inglaterra siguen manteniendo bases en África,
Asia y América Latina. En el caso del Imperio del Norte, es difícil
llevar la cuenta. Tiene unas 700 bases militares en 130 países.
Además, cuenta con 9,000 misiles nucleares de largo alcance, que se
pueden lanzar desde submarinos, aviones o bases militares para
pulverizar cualquier punto del planeta.
Sin embargo, querida Eudocia, ahora estos países Occidentales se han
autonombrado jueces de la Tierra. A pesar de que todavía tienen las
manos empapadas de sangre, ahora pretenden darle al mundo lecciones
sobre derechos humanos, libertad y humanismo. Y lo hacen
descaradamente desde organizaciones inventadas y controladas por
ellos mismos, como las Naciones Unidas y el Tribunal Internacional
de La Haya.
Lo peor de todo es que estos países, que durante siglos mataron y
esclavizaron y robaron y aniquilaron naciones enteras, quieren
imponer su voluntad a cualquier precio. Como lo han hecho durante
siglos, desean “educar” a los demás países del mundo e imponerles
sus valores y creencias, aunque para ello tengan que exterminarlos a
todos.
Te besa tu hermano,
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