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Querida Eudocia:
En la Edad Media europea, cuando un pastor
estaba a punto de morir, repartía sus animales entre sus hijos.
Cinco cabritas para Segismundo, cinco para Tancredo, cinco para
Urraca... y así por el estilo. Al pastor no le importaba que las
cabras fueran hermanas, primas o amiguitas. Simplemente las
regalaba.
Lo mismo ocurría cuando morían los reyes. En el 1065, a la muerte
del rey Fernando I de Castilla y León, este padre cariñoso le regaló
Castilla a su hijo Sancho, el reino de León a su hijo Alfonso y
Galicia a su hijo García.
Como resultado, muy pronto empezó una guerra civil entre los tres
hermanos, con el fin de unir los reinos que el padre había dividido.
Luego de muchas batallas y de terribles sufrimientos, Alfonso VI
triunfó y se apoderó de los reinos de sus dos hermanos... pero sus
descendientes repitieron la historia.
Esta situación era frecuente en la Edad Media. Por eso se decía que
la muerte de un rey casi siempre señalaba el comienzo de una guerra
civil. Esto ocurría porque los monarcas se consideraban dueños
absolutos de sus tierras. Trataban (y repartían) a los habitantes
como si fueran cabritas.
El rey Carlomagno, nacido en el 742, llegó a reunir un gran imperio
que incluía Francia, Alemania e Italia. Al morir no hubo guerras,
porque sólo le quedaba un hijo, Luis, que lo heredó todo. Pero, a la
muerte de Luis, los hijos de éste (nietos de Carlomagno) guerrearon
entre sí y dividieron el Imperio de tal manera que jamás volvió a
unirse.
Para terminar con estas guerras perpetuas que causaban grandes
sufrimientos a los europeos (continuamente tratados como cabras por
sus gobernantes), surgió y quedó establecido el concepto de la
primogenitura. El único heredero de un rey sería su hijo mayor...
punto. Esta ley, que la Iglesia rápidamente proclamó inviolable, fue
muy inteligente en su momento porque evitaba guerras civiles,
conspiraciones, asesinatos, chanchullos, etcétera. Todo el país
sabía que el reino no se dividiría y quién era el sucesor legítimo
del monarca. Aunque siempre era posible violar la ley, la violencia
se redujo dramáticamente y quedó muy grabado en las mentes de los
pueblos este nuevo concepto sucesorio.
Pero ningún gobierno es perfecto. Aunque la primogenitura trajo
estabilidad y evitó guerras, también tuvo consecuencias negativas
porque era inflexible. No importaba que el heredero fuera retardado,
sicópata o estúpido: era el heredero y futuro rey... punto.
Uno de los casos más patéticos es el de Carlos II de España
(1661-1700), conocido como “El Hechizado”. Era retardado mental,
raquítico, enfermizo y estéril. Vomitaba continuamente, a la menor
provocación, y los ojos le supuraban pus. Como si fuera poco,
también era muy feo. Sin embargo, gobernó hasta su muerte a los 39
años de edad, sin que el pueblo cuestionara su derecho a reinar.
Querida Eudocia, hay una verdad evidente: la habilidad para gobernar
no se hereda. Que Fernando le haya regalado reinos a sus hijos en el
siglo XI, tal vez se entienda un poco. Que en el siglo XVII Carlos
II haya reinado a pesar de sus deficiencias, se entiende menos. Pero
el hecho de que los habitantes del Imperio del Norte, en pleno siglo
XXI, le hayan regalado a un fanático fundamentalista como Jorge Bush
II el poder para matar a millones de personas en el mundo entero,
dice más sobre los ciudadanos que sobre el gobernante. ¿Dije
“ciudadanos”? ¿Debo decir “cabras”?
Te besa tu hermano,
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