Querida Eudocia:
Qué casualidad que me preguntes sobre la Resistencia. Hace tres
semanas, durante mi último viaje a las Naciones Unidas, conversé
sobre el tema con el embajador de Francia. Me explico:
Adolfo Hitler, gobernante de Alemania, invadió Francia en el 1940.
El Gobierno francés se rindió, abrumado por la superioridad militar
alemana. Pero el pueblo de Francia no estuvo conforme y comenzó su
propia guerra de liberación.
Conocida como la “Resistencia Francesa”, esta lucha se extendió a
todos los sectores de la sociedad y utilizó todos los medios a su
alcance. Espiaban al enemigo y enviaban la información a los
aliados, quienes después atacaban a los alemanes desde el exterior.
Además, llevaron a cabo una feroz y sistemática campaña de
sabotajes: destruían puentes, rieles, carreteras, aeropuertos y
fábricas para que la ocupación le resultara costosa a los invasores.
También llevaron a cabo ataques militares rápidos y pequeños, lo
cual se conoce como “guerra de guerrillas”. Es inútil hacerle frente
a un invasor poderoso: mejor se le ataca por sorpresa en los lugares
menos esperados para que no tenga un segundo de paz ni pueda dormir
tranquilo.
Otro aspecto importante de la Resistencia Francesa fue la
neutralización de los traidores. A quienes ayudaban a los alemanes o
trabajaban con ellos se les conocía como “colaboradores”. Los
franceses patrióticos acordaron que todo colaborador merecía la
muerte. Así evitaban que otros traidores -o débiles de espíritu- se
sintieran tentados por las jugosas ofertas de los invasores.
En la Resistencia Francesa participaron prestigiosos escritores como
Jean-Paul Sartre, Albert Camus, André Malraux, Louis Aragon y muchos
otros. Los miembros de la Resistencia se convirtieron en héroes muy
admirados en Francia y en el resto del mundo. Se han hecho películas
y escrito libros que cuentan el sacrificio, muchas veces anónimo, de
estos heroicos libertadores.
Este largo preámbulo ha sido necesario, querida Eudocia, para
contestar tu pregunta sobre la resistencia en nuestro vecino país de
Irak. Allí el pueblo se ha levantado -como lo hicieron los franceses
en contra de Hitler- para combatir al ejército enviado por el
emperador Jorge Bush II. Contra este invasor luchan todos: pobres y
ricos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, campesinos y
profesionales. En esta lucha -popular y masiva- participan los
equivalentes musulmanes de Jean-Paul Sartre y Albert Camus, porque
los artistas honestos repudian las invasiones: muchos han muerto por
la libertad.
Si alguien te dice que admira a la Resistencia Francesa, pero luego
critica la Resistencia Iraquí, debes tener cuidado: esa persona
intenta engañarte. En un punto fundamental coincidimos el embajador
de Francia y yo: estas luchas son semejantes. Los franceses se
defendían de Adolfo Hitler y los iraquíes se defienden de Jorge Bush
II. Al igual que Troya, Numancia y Masada, muchas naciones han
preferido morir antes que someterse a un poder extranjero.
Hace pocos días nuestro Augusto Soberano me envió una condecoración
para reconocer mi labor como embajador bizantino en América Latina.
Me siento muy honrado. Cuando vayas a palacio salúdalo de mi parte.
Está contento porque logré un acuerdo secreto con el gobierno de
Puerto Rico, que te contaré otro día.
Te besa tu hermano,
|
|