|
Querida Eudocia:
He aprendido muchas cosas sobre América Latina desde
que nuestro gobierno me nombró embajador en Puerto Rico. Hoy quisiera hablarte
sobre los españoles.
Como sabes, fueron ellos quienes descubrieron y luego
conquistaron el hemisferio americano. Lo hicieron con furia genuina. Hay
regiones completas, como el Caribe en que hoy vivo, en que no sobrevivió un
indígena. Los que perduran, en países como México y Perú, lo
hacen de un modo miserable. Cuando visito otras naciones latinoamericanas en mis
funciones oficiales, siempre me reúno con descendientes de europeos, que son
quienes controlan toda la riqueza y los gobiernos de este continente. Es muy
raro ver a un indígena que tenga una posición importante en un gobierno o en una
empresa.
Una vez exterminados los indios del Caribe, la
rapacidad española no se detuvo. Ante la apremiante necesidad de mano de obra
para trabajar la tierra y las minas, raptaron de sus hogares a
millones de africanos. Los vendieron como reses en el
mercado, al mejor postor. No tengo que describirte, querida hermana, el trato
que recibieron de parte de sus dueños.
Y esa fue la historia de la América Española durante
sus primeros tres siglos: brutalizadas colonias que existían para enriquecer a la
metrópoli.
Al comenzar el siglo XIX, Napoleón invadió España. Los
españoles, con muchísima razón, se rebelaron heroicamente y lucharon por la
libertad. Finalmente expulsaron a Napoleón y recobraron la tan anhelada
independencia, que las colonias hispanoamericanas también habían proclamado.
Pero comienza entonces una de esas grandes paradojas de
la historia. Tan pronto recobra su valiosa independencia, lo primero que hace
España es decirle a sus colonias de América que no tienen derecho a la libertad. Como resultado, empiezan las guerras de independencia, en las que una
tras otra las nuevas repúblicas derrotan a la irracional madre
patria. España sólo pudo retener las islas de Cuba y Puerto Rico, desde donde te
escribo.
En el 1898, casi cien años después de estas guerras, los norteamericanos
deciden aprovechar el atraso militar e industrial de España. Le declaran la
guerra y muy fácilmente le arrebatan las colonias de Cuba y Puerto Rico, lo
único que le quedaba en América.
Ésta, hermana mía, es una síntesis de la presencia
española en América. Lo que ahora me comentan los hispanoamericanos es que,
después de tantos siglos de atropellos, de pronto algunos funcionarios de la España actual, sin
que nadie entienda por qué, han pretendido erigirse en árbitros de las acciones de
los latinoamericanos.
Un juez español, que acá muchos tildan de loco
delirante porque
se cree Juez del Mundo, primero quiso meter preso a un ex dictador de Chile.
Desde Madrid quería juzgarlo por crímenes cometidos en la ex colonia española de
Chile. Luego este mismo juez quiso encerrar a decenas de militares de la ex
colonia española de Argentina. Todos acá concuerdan con que estos sangrientos
militares deberían estar presos. Pero nadie entiende por qué este asunto le
incumbe a un juez español. “¿Este entrometido, qué pito toca?”, me comentan entre risas.
En fin, hermana mía, como representante del Gobierno de
Bizancio me limito a escuchar y no opino en público. Pero te admito que, en
privado, me pregunto si el Gobierno de España se habrá enterado de que ya no tiene
colonias en América Latina. Otras veces me pregunto si es que ya han metido en
la cárcel a
todos los franquistas que durante décadas privaron a los propios españoles de la
libertad.
Recibe un fuerte abrazo de tu hermano
|