Las extrañas ucronías de
Luis López Nieves. O la
verdadera “subversión”
A propósito de la publicación en
Cuba de los libros Seva y El corazón de Voltaire.*
Por Rafael Grillo
El hecho de negar a la historia
«la última palabra»
es siempre subversivo, como es siempre
subversivo luchar no ya contra el Destino
sino
contra la idea misma de «destino».
Javier Muguerza, filósofo español.
¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?
“Es el terror lo indescriptible”,
sentencia Allan Querdilion al comienzo de El cuerno de caza,
novela de Sarban(1),
y a continuación se narran los avatares de pesadilla del joven soldado
inglés, quien luego de fugarse de un campo de concentración y perderse
en la floresta, viene a dar a un universo paralelo en donde el Tercer
Reich triunfador rebajó a los seres humanos hasta la condición de
trofeos de caza y bestias de presa para que en los vastos bosques de la
Europa entera, una casta suprema de arios puros gaste su ocio al
estilo de las antiguas aristocracias.
La búsqueda imaginativa de respuestas al “qué
habría sucedido si las huestes de Hitler se hubieran impuesto en la
Segunda Guerra Mundial” ha inspirado otros libros, como el clásico El
hombre en el castillo del norteamericano Philip K. Dick, y bestsellers
recientes como Patria, del inglés Robert Harris y En
presencia de mis enemigos, del norteamericano Harry Turtledove, y
es uno de los temas favoritos entre los fabricantes de “Ucronías”, una
vertiente literaria muy de moda por estos tiempos.
El término “Ucronía” es etimológicamente cercano al
de “Utopía”. Compuesto aquel por las palabras griegas ou (no)
y topo (lugar), para identificar un «lugar que no existe»,
cuando se sustituye por ou-crono para significar
«tiempo que no existe», indica un “fuera del tiempo” que contesta al
“¿Qué hubiera pasado si…?”: esa cuestión humana, de las más socorridas,
que en el plano del devenir individual se ha planteado cada persona,
en alguna ocasión, para intuir cuántas vidas posibles dejó de vivir.
Trasladada a la Historia general de la sociedad
humana, la pregunta se inviste de atractivos adicionales, porque al
volver la mirada hacia el ayer y modificar un evento pretérito, se
advierte la imposibilidad de cambiar el pasado sin repensar la línea
toda del tiempo y la necesidad de construir un continuum de
sucesos distinto del reconocido, que alcance al presente, lo desvirtúe,
y se proyecte también en los escenarios de probable futuridad.
Curiosamente, este género de dudas invoca a la habilidad de conjugar
dos instancias de la psiquis humana, la Memoria y la Imaginación,
tantas veces consideradas de manera contrapuesta. Digámoslo así: es una
cuestión que interpela tanto a la posibilidad de “historiar”, de
reconstruir “lo que verdaderamente pasó”, como a la capacidad de
“ficcionar”, de suponer incidentes que nunca ocurrieron en realidad. De
ahí que para elucidar estas cuestiones, claro, no parezcan servir de
mucho los profesionales de la Historia, embotellados en la objetividad
del método científico y la labor de desenterrar y explicar las trazas
de un pasado “verídico”; y sí, para tarea tal, resulten mejor
preparados esos especialistas del desvarío y los inventos que son los
escritores de ficción.
Y es que cualquier literatura, incluso la
“realista”, presupone una serie de condicionamientos contrafactuales
respecto al “mundo real” (un conjunto de desviaciones respecto a lo que
acontece), puesto que su marco ideal de referencia atañe a personajes y
hechos no existentes, o a alteraciones tolerables en el entorno de los
sucesos y entes verdaderos. Pero la situación es más propicia aún en
el territorio de la literatura fantástica(2), donde cabe “el hecho de que el mundo posible es
estructuralmente distinto del real”(3);
y más si dentro de ella, existe una corriente o subgénero de la
ciencia ficción que cobije estas “caprichosas” intervenciones en el
orden de la temporalidad validada por la paciente y abnegada
investigación histórica: la “Ucronía”, a veces llamada también “novela
histórica alternativa o contrafactual”, cuyo rasgo esencial es el
desenvolvimiento de sus tramas en un mundo edificado a la medida del
giro que la creatividad del autor imprimió a algún acontecimiento
remoto para que se desenvolviera de modo diferente a cómo hoy lo
registramos.(4)
Así, hay ya “maestros ucrónicos”, como Turtledove,
quien ha escrito novelas donde Napoleón impidió la Revolución Francesa (The
Two Georges), los confederados del Sur ganaron la Guerra de
Secesión y EE.UU quedó dividido (Línea temporal 191) o la
Armada Invencible española hundió a los británicos (Britania
Conquistada). A George Orwell se le conoce por 1984, en
la que una ideología de Estado totalitario, represora de la libertad de
pensamiento, se impuso en todas las regiones del planeta. En La
danza del tiempo, Igor Baranko invierte la situación del
Descubrimiento y Europa es hallada por los indoamericanos antes que
Colón emprenda su aventura en el Nuevo Mundo; mientras que The
Neanderthal Parallax, de Robert J. Sawyer, vuelca la Prehistoria y
exhibe a los neandertales en la cima de los homínidos en perjuicio del homo
sapiens.
De lo escrito en castellano, resalta la noveleta Fuego
sobre San Juan(5) (1998)
de los ibéricos Pedro A. García Bilbao y Javier Fernández
Sánchez-Reyes, que opta por reivindicar el vilipendiado honor de la
otrora pujante y católica corona, mediante una reescritura de la
historia en donde una España valerosa fuerza el repliegue del
embrionario imperialismo yanki y salvaguarda para sí a Cuba, Filipinas y
Puerto Rico, sus tesoros de ultramar. Pero, ubicada en ese mismo
contexto del Caribe y la Guerra Hispano-Norteamericana, 25 años antes,
un escritor boricua había enviado al periódico Claridad un
enigmático texto titulado Seva: Historia de la primera invasión
norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898.
Publicado en la edición del 23 de diciembre de
1983, sin aclaraciones sobre si tratábase de “ficción” o artículo
periodístico, era una vuelta de revés a la Historia oficial que
asentaba al 25 de julio como “Día D”, en que el arribo por Guánica de
los marines yankis terminó con estos plantando su bandera en las astas
de San Juan sin encontrar demasiada oposición de los insulares.
La “historia trocada” o “(tergi)versión”(6) del escritor Luis López Nieves hizo levantar
estandartes, frenéticos y encontrados, en el seno de una población
habitualmente tildada de “pacífica”. Y aunque las razones del revuelo
mayúsculo sólo sean explicadas más adelante, por cuestiones de lógica
expositiva urge pasar al desenlace de este evento real: La verdad
revelada, o embuste, o cuento, se apoderó del imaginario popular y
escapó del papel para “convertirse en una obra de teatro con todo
Puerto Rico como escenario”.(7)
Entonces, lo que nació de lodazal confuso entre la
realidad y ficción, el breve “relato” del periódico, creció con los
aditamentos aportados por su repercusión en el terreno firme del día a
día, hasta convertirse en toda una “novela”. Aquello que en sus inicios
no ostentaba, en rigor, la marca de “ucronía”, porque transformaba la
visión del pasado pero dejaba intacta la estela de la nación hasta su
momento presente, sí se convirtió en tal cuando en las paredes, como
voz indócil, la gente empezó a grabar: “Seva vive”.
Para colmo, esta extraña “ucronía” no quedaba
encerrada entre muros fantásticos o en los anaqueles reservados a la
literatura de ciencia ficción. Atípica, su contrafactualidad
transcurría por las calles del presente y el mundo real.
¿Y SI LOS BORICUAS PLANTARON CARA A LOS GRINGOS?
“¿Dónde está Víctor Cabañas?”, pregunta Francisco
Serrano en email dirigido a L.L.N en 2006. El cineasta estaba absorto
por entonces en la realización de un documental(8) basado en el hallazgo de unos
esqueletos humanos en lo que lucía ser fosa común, desenterrada durante
las labores de limpieza en el área hasta poco tiempo atrás ocupada por
la Base norteamericana de Roosevelt Roads, en la localidad
puertorriqueña de Ceiba. Lanzada como santo y seña, la pregunta buscaba
revivir la polémica desatada en 1983; y el escritor se limitó a
exclamar al final del contacto: “Seva vive“, como dándole alas al
renacer de la leyenda.
Las cartas supuestamente enviadas por el
historiador Cabañas a Luis López Nieves y la interrogante sobre su
paradero eran el punto de partida de la trama aparecida en Claridad;
la cual se apoyaba, además, en coplas populares, añejos mapas y
fotografías, testimonios del “último sobreviviente” y hasta un
“fragmento” del diario del mismísimo General Miles, comandante de la
fuerza usurpadora, para afirmar que no fue un paseo la puja de las
tropas norteamericanas en el asalto a la isla de Puerto Rico y que, en
mayo de 1898 —no julio, como machacan los manuales de Historia—, hubo
una primera intentona; la cual había sido repelida corajudamente por el
pueblito de Seva; y la acción ofensiva desembocó en un bombardeo brutal
y el exterminio de los habitantes, más el silenciamiento posterior de
toda evidencia del crimen de los invasores.
Creyéndose muchos a pie juntillas la novedosa
historia, inundaron de cartas y llamadas telefónicas al periódico; y
hubo hasta quien exigió al gobernador de la estrellita incorporada a la
bandera usamericana como “Estado Libre Asociado”, que pidiera cuentas a
EE.UU. por el genocidio ante la ONU. Otros, sintiéndose ofendidos por
el “bulo” o picados por “la broma”, imprecaron fuertemente al escritor y
compulsaron a Claridad a excusarse Editorial mediante.
Reconocido ya públicamente el carácter de “cuento”, no obstante le
costaba a la nación boricua el resignarse a perder una épica que había
derribado de súbito la mansedumbre y el servilismo asignados por el
incómodo “mito del puertorriqueño dócil” como rasgos autóctonos.
L. L. N, autor intelectual del desacato, explicó
que echaba de menos una epopeya patria y no le había quedado más
remedio que inventársela. Su “historia soñada” dotó a Puerto Rico de un
grito de guerra: “Seva vive”, que patriotas anónimos clavaron a la
entrada de Roosevelt Roads, el enclave militar que presuntamente tapaba
las ruinas de la Seva masacrada. Sin importar que de “dóciles” pasaran a
“crédulos”, la versión de un pasado glorioso se coló en el imaginario
popular con ímpetu tal que es hoy “la verdadera verdad, una verdad
trascendente, que va más allá de la verdad factual”.(9)
Y Seva, el cuento, ampliado con las
añadiduras de la realidad se convirtió en Seva, un libro(10); al cual se le sigue defendiendo
porque su “mentira” no es la del deshonesto, sino la del que interpreta
un sueño y convierte en hecho tangible el anhelo escondido. Porque,
tal vez, “la verdad es lo que un pueblo crea de sí mismo”.(11)
¿Y SI VOLTAIRE NO ERA VOLTAIRE?
Un aparatoso dispositivo
de fuerzas especiales de la policía francesa rodea la Abadía de
Aurillac, con la orden de forzar la entrada y pasar por encima de 54
frailes benedictinos si fuera necesario, para rescatar un cuerpo
enterrado allí hace más de 200 años y que los religiosos se niegan a
ceder. ¿Qué misterio encierra ese cadáver cómo para que los galos dejen
caer de tal modo su fachada de gente civilizada?
Es 2003 y ocho meses antes, durante una recepción
en la embajada de Francia en Brasil, el presidente del país
sudamericano había sacado a relucir de forma imprevista una incógnita
que dejó en ascuas a la representante diplomática de la nación europea:
¿Es cierto que el corazón guardado como reliquia en el Panteón de
París no perteneció realmente a Voltaire?
Semejante herida al amor propio del país que
iluminó todo un siglo, concernida nada menos que al más ilustre de los
filósofos de su historia, tenía que provocar un cataclismo. Y así fue:
Puesto a correr el experto genetista Roland de Luziers a través de
varias naciones del mundo real y las avenidas globales de Internet, con
mediaciones que involucran a altas dignidades de la política, la
religión, las ciencias y la cultura de todo el planeta, se va
desentrañando paso a paso un extraordinario secreto del pasado. La luz
se hace, al cabo: ¡Voltaire, el profeta de la Revolución Francesa, no
murió, como se creía, antes del magno acontecimiento, sino que llegó a
verlo y sobrevivirlo! ¡Porque el Voltaire de los últimos años de su
vida registrada no era Voltaire!
¿Lo anterior es patraña o realidad? Ni lo uno ni lo otro. Otra vez
Luis López Nieves que se rige en El corazón de Voltaire(12) por la ley de la “tergiversación
que consiste en sustituir gato por liebre en muchos niveles
—personajes, reliquias, explicaciones— y en confundir y sorprender a
cada vuelta del argumento”.(13)
¿Sólo “ficción” entonces?
La ironía “contrafactual” encubierta bajo artes de
novela que el boricua publicó en 2005, y de inmediato la crítica
consideró “género negro” por describir la metódica deducción de un
enigma, poseía la novedad adicional de haberse estructurado
completamente a base del cruce de correos electrónicos; siendo, por
tanto, la primera novela de corte biográfico e histórico desenvuelta en
el modo epistolar típico de la Era Digital. Para L.L.N, por sobre
consideraciones literarias, el interés del experimento residía en
retrotraer al presente a quien considera “el primer intelectual
moderno”, aquel que “inventó la figura del intelectual comprometido que
utiliza su fama, poder e influencia para provocar el cambio social”.(14)
Quizás con esta nueva (tergi)versión no llegara
L.L.N a trastocar a los entendidos en Historia de Francia, pero sí
gracias al sagrado corazón de Voltaire, el autor del cuento que
estremeció el mundo local de Puerto Rico, adquirió relieve
internacional con las múltiples ediciones de su novela en varias
naciones y lenguas; y alcanzó por segunda vez, en 2006, el
reconocimiento otorgado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña al
Mejor Libro del Año.
¿El primero? En 2000, con otras meteduras de pie en el curso de la
historia presentadas a la manera de relatos. Porque luego de Escribir
para Rafa (1987), un conjunto de cuentos afiliados al género
fantástico en su mayoría y con personajes provenientes de la
cotidianidad puertorriqueña, L.L.N se apareció con La verdadera
muerte de Juan Ponce de León(15),
un muestrario de “historias trocadas” que ambientaba en el Caribe del
siglo XVI. Recogió un arcaico rumor: que el Almirante no viajó a ciegas
pues de peripecias anteriores sabía ya qué le esperaba del lado oculto
de la Mar Océana, y lo dio por cierto; desempolvó un manuscrito
(apócrifo) donde un indio esclavo del fundador de San Juan narraba su
venganza contra el conquistador Ponce de León, al que se le ha creído
muerto de fiebres y —¿en realidad?— fue asesinado. Hasta se atribuyó un
antecesor temerario, Don Rodrigo de las Nieves, como héroe máximo en
la gesta sanjuanera de impedir la entrada a Francis Drake, el Dragón
corsario, en noviembre de 1595; entre otros tour de force al
ayer convalidado por los documentos de rigor.
¿Será que L.L.N piensa que una mentira vale más que mil verdades?
“¿Por qué el mentiroso soy yo? —seguramente litigará el escritor—.
¿Puedo confiar en la Historia que se nos da por verdadera cuando es la
visión que interesa a los vencedores, a los poderosos que nos empujan a
consumir, domesticados, sus épicas lindamente encuadernadas?”
IF THE HISTORY IS JUST A STORY?(16)
“Un día me di cuenta que se me hacía difícil
diferenciar entre ellas. [historia y literatura] Comprendí que la
historia realmente no existe, que es un sexto género literario que
recrea los datos del pasado según los gustos y prejuicios de sus
autores. A través de los siglos los historiadores han dicho que escriben
historia 'objetiva', cuando realmente escriben ficción. Pues yo hago
lo contrario y no engaño a nadie: admito que escribo historia desde la
literatura. Y fíjate que mi obra es más 'objetiva' que la supuesta
historia, porque cada generación reescribe la historia. Los libros de
historia caducan. Pero la narrativa no se revisa ni se reescribe”(17), argumenta L.L.N.
A lo que un historiador de cátedra interpela: ”¿De
qué nos sirve una historiografía mitológica? ¿Acaso una ficción ayuda a
entender mejor el presente?”.(18)
En cambio, otra autoridad replica: “¡Y qué importa lo que ocurrió de
verdad o no ocurrió! ¿Cambiaría algo para el pueblo de Francia que se
patentizara la locura de Juana de Arco; dejarían ellos de seguir
creyéndose el mito fundante de su nación, el de una mujer elegida que
escucha la voz de Dios? Los pueblos, los países son lo que creen, y un
pueblo puede creer más en una obra literaria que en una pieza
historiográfica”. (19)
De cara a esta disyuntiva, cabe preguntarse:
¿Tendría alguna repercusión en los creyentes el que se acabe de
demostrar que el Santo Sudario, guardado en la Catedral de Turín, es
una falsificación medieval?(20)
¿Después de tantas muertes de infieles y vidas de Santos, de Cruzadas
en el nombre del Creador, guarda sentido aún la disputa interminable
sobre la existencia de Dios? Cuestiones todas que nos empujan al meollo
del asunto: ¿De qué hablamos cuándo hablamos de Historia? ¿Se trata
sólo de las huellas materiales o es que merecen ser revalidadas la
mentalidades de los hombres y los pueblos como indicios que también
delatan la pista del tiempo?
Dejando la interrogante en alto y de vuelta a la
vida literaria de L.L.N: Mediados de 2009, publica El silencio de
Galileo(21), con la que
persiste en la malla de correos electrónicos para armar una novela cuyo
eje es una figura célebre. Le tocó el turno al científico italiano
nacido en 1564, el que refrendó la herejía copernicana y extirpó a la
Tierra del centro del Universo para echarla a rodar, obedientemente,
alrededor del Sol. El mismo que, según dicen las lenguas, arrinconado
entre la hoguera y la pared, tuvo el arresto todavía de aclarar: Eppur
si muove. Hombre de gran iniciativa al que se le había negado,
sin embargo, la invención del telescopio, regalándole el crédito a unos
oscuros buscavidas alemanes y holandeses.
Pero el autor puertorriqueño observó con lente
gruesa el Sidereus Nuncius (El mensajero de los astros),
ese tratado de 1610 donde Galilei anuncia el descubrimiento de las
lunas de Júpiter; y encontró cómo con un simple cambio de fechas se
favorecía la tesis de que el genio toscano hubiera enmascarado la clave
con que los astrónomos de la posteridad reconocerían la verdad y lo
depositarían en el pedestal justo. Sí, fue Galileo el creador del
telescopio. Más, las sempiternas penurias económicas del sabio, los
juegos de guerra y el espionaje comercial entre las potencias de
entonces, lo instigaron a esconderlo. Porque el telescopio, lectores
maravillados, fue ¡el secreto militar más añorado del Renacimiento! Con
un poco de imaginación y la lógica puesta en función de comprender la
época, o tras un mero paseíto por el artículo de Galileo en Wikipedia(22), salta a la vista el por qué…
Y al parecer, el
inspirado L.L.N no anda descaminado, puesto que un cable de la BBC,
datado el 15 de octubre de 2009, anuncia que la Iglesia Católica
quiere limpiar su falta, exponiendo en el museo de la Santa Sede los
instrumentos de Galileo ¡en ocasión de cumplirse 400 años de que el
astrónomo de Pisa inventara el telescopio!(23)
Ahora, sólo resta entender que L.L.N no es un
fabulador irresponsable, de esos que titubean a la hora de si poner el
cartelito de “ficción” a sus escritos, o mejor un ambiguo “basado en
hechos reales” (verbigracia: Dan Brown), en plan de anticiparse a
tirios y troyanos. Las obras del boricua son fruto de una esmerada
documentación histórica; aunque maneje luego los datos con esa libertad
que nadie podría arrebatarle a un novelista.
Empero, la iconoclasia vertical del autor de Seva
no reside exclusivamente en que sus obras literarias sean
“(tergi)versiones” de la historia oficial. Su literatura pone la diana
más allá de las tremebundas “ucronías” convencionales, que desde la
primera página sabemos el haber entrado al reino de una fantasía o de
una realidad sólo potencial que, por fortuna o para desgracia, fue
esquivada. La “subversión”, formidablemente lúcida, de la ficción de
L.L.N radica en invitarnos a reflexionar que ¡todo pudo haber
ocurrido de un modo completamente diferente a lo que se nos ha contado
y, aún así, continuaríamos habitando la misma realidad que hoy vivimos!
Dicho en términos gatopardescos: “Toda la Historia pasada podría
cambiarse, y el presente seguiría igual”.
Si lo pasado, pasó; y una reescritura del ayer no
implica, necesariamente, una actualidad otra… ¿Qué nos queda?
Pues el futuro. Ese mañana cuyas migajas ya
existen, dispersas en la imaginación y el deseo de los hombres y los
pueblos; ese mañana cuyos atisbos pernoctan aún en el anhelo y el
sueño. Porque, y digámoslo para despertar al melancólico Segismundo de La
vida es sueño, también los sueños realidad son.
Octubre de 2009
* Dado que del contenido de estos libros
se hablará en extenso y para no robarles su sabor y misterio,
recomiendo su lectura antes incluso de conocerlos a merced de este
ensayo.
NOTAS
1. Su
título original es The sound of his
horn, y fue publicada en 1960 bajo el seudónimo de Sarban por el
escritor británico John W. Well. En Cuba se imprimió en 1981, por el
sello de la Colección Dragón, Edit. Arte y Literatura.
2. Aquí el
término "literatura fantástica" se toma como un campo más vasto, que
incluye a la "ciencia-ficción" y sus distintas variantes, entre ellas la
"Ucronía".
3. Umberto
Eco, "Los mundos de la ciencia-ficción", Los desafíos de la ficción, Casa Editora Abril, La
Habana, 2001, pág.1256
4. Para
ampliar sobre la definición de "Ucronía" y otros conceptos cercanos:
http://es.wikipedia.org./wiki/Ucron%C3%ADa;
http://es.wikipedia.org./wiki/Historia_contrafactual;
http://es.wikipedia.org./wiki/Historia_alternativa
5. Mención en el Internacional
de Novela Corta de Ciencia Ficción de la Universidad Politécnica de
Cataluña, 1998. Publicada junto a las demás ganadoras en el volumen Premio UPC 1998, Ediciones B,
Colección Nova, Barcelona, 1999, 421 páginas.
6. "Historia trocada" es
como el propio L.L.N. suele referirse a los rejuegos con la Historia que
emprende en sus obras. Estelle Irizarry, profesora emérita de la
Universidad Georgetown de Washington DC, es autora del volumen El arte
de la tergiversación en Luis López Nieves (Editorial Terranova, Puerto
Rico, 2006) donde descifra las técnicas narrativas del autor boricua, y
propone la fórmula "(tergi)versión" apoyándose en la raíz latina de la
palabra "tergiversar" (tergum -espalda- + versage -volterar-; o sea: "la
realidad se vira de espaldas").
7. Según el testimonio de
Estelle Irizarry para el documental Seva
vive (Dirección: Francisco Serrano. Producción: Cine con Eñe.
Nacionalidad: Puerto Rico. Año: 2008).
8.Ver Nota anterior.
9.Al decir de Carlos Pabón,
profesor de Historia en la Universidad de Puerto Rico (entrevista: ver
Nota 7).
10.Una versión del libro Seva se publicó en Cuba por Colección
La Honda, Casa de las Américas, 2007. Para este ensayo se revisó la
edición de la Colección Cara y Cruz, Grupo Editorial Norma, Colombia,
2006.
11.Así lo plasma Juan Manuel
García Passalacqua, abogado, analista político y novelista de Puerto
Rico en una entrevista (Ver Nota 7).
12. Recientemente publicada en
Cuba por la Casa Editora Abril. Para este ensayo el autor consultó la
5ta. Edición de La otra orilla, Grupo Editorial Norma, Bogotá, Colombia,
2007.
13. Estelle Irizarry (pág. 105
del libro citado en Nota 6). Curiosamente, la experta que se ha
especializado en el uso de herramientas informáticas para el análisis de
textos literarios, ahora está siendo noticia con una declaración que
luce extraída de una novela de L.L.N. En su libro inédito The DNA of
the writings of Columbus (El ADN
de los escritos de Colón), afirma que "la lengua materna del
navegante Cristóbal Colón era el catalán y que el descubridor del Nuevo
Mundo era de origen aragonés y no genovés, como defiende la hipótesis
comúnmente aceptada" ("Un estudio muestra que el catalán era la lengua
materna de Colón", El País,
España, 15-10-2009)
14.
L.L.N en la entrevista concedida por email a Rafael Grillo ("El corazón
de López Nieves o el revés de la historia", El Caimán Barbudo, Edic. 340, may-jun 2007, pág. 10-12).
15. L.L.N, La
verdadera muerte de Juan Ponce de León, Editorial Cordillera,
Puerto Rico, 2000.
16. Traducción
literal: “¿Y si la Historia es sólo un cuento?”. Pensada como un juego
de palabras en inglés, la frase adquiere variadas connotaciones. Pues
“history” es la Historia como disciplina académica que estudia los
sucesos del pasado, y además todo relato o discurso sobre eventos del
ayer que se diga elaborado a partir de fuentes fidedignas; mientras que
“story” es el modo con que se nombra al “cuento” como forma literaria
(la pieza breve de ficción), pero se aplica también a cualquier
narración o recuento de hechos, de origen real o ficticio, que una
persona ofrece a otra.
17. Ver Nota
14.
18. Fernando
Picó, entrevistado por: ver Nota 7.
19. Juan
Manuel García Passalacqua, entrevistado por: ver Nota 7.
20. “Otro
desafío científico al Santo Sudario”, BBC Mundo, 9-10-2009.
(http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2009/10/091006_
santo_sudario_np.shtml)
21. Luis López
Nieves, El silencio de Galileo, Ediciones Mosaico, Grupo
Editorial Norma, España, 2009).
22.
http://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei
23. "Galileo
visita el Vaticano", BBC Mundo, 15-10-2009.
(http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2009/10/091015
_galileo_vaticano_rg.shtml)
La
última noche de Rodrigo de las Nieves
Cuento de Luis López Nieves
|