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TEMAS  no. 56 octubre-diciembre 2008



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Tres instantes de un concierto crítico

Rodolfo Zamora Rielo
Editor. Editorial de Ciencias Sociales.

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Tres instantes de un concierto crítico
Rodolfo Zamora Rielo
Editor. Editorial de Ciencias Sociales.

Cada momento histórico ha tenido su movimiento literario, su expresión discursiva. Si en la época de la primacía heroica la nobleza hereditaria griega convirtió, por conveniencia, una simple incursión de saqueo en busca de metal en una guerra de decenios por el rescate de una esposa robada, no es nada extraño que los actuales escritores tomen de la realidad sus premisas para fabularlas o valorarlas. Eso no es excluyente de los escritores de «ficción», pues también se puede encontrar, con fortuna, en los que utilizan el ensayo, la crítica, para convertir en mensajes sus ideas. Habrá que aprender a analizar las épocas a través de los escritores reflexivos, que aportan mucho en su cuota de subjetividad y su universo de perspectivas.
Escribir sobre lo que otros escriben, ensayar una nueva poética a partir de otra, mostrando sus rasgos, comparándolos con paradigmas y parodias, sobre el filo de untar justicia o talar con desafuero aquello que, con mejor o peor suerte, brinda un punto de vista, un lugar de la creación, un resquicio de una complicada espiritualidad, ha sido un reto a salvar por quienes lo enfrentan y lo inspiran. En esencia, lo más importante es perfilar las ideas hacia un camino trazado por la seriedad, aunque de ello dependa la descarnada censura o la exquisita lisonja, aún a despecho del impuesto distanciamiento.
De esta manera, presento tres textos de similares cualidades; una suerte, si de redactar se trata y de leer depende. El primero, Ecos en el laberinto, tributa al periodismo literario, un tipo de estética completamente novedosa y a la vez respetuosa del ensayista Rafael Grillo, que dará mucho que hablar. El otro, deja entrever los trazos de la academia, de la prédica en los planteles universitarios sobre literatura cubana, convertida por Ricardo Repilado en un Tapiz de ángeles. El tercero, una curiosa unión de narración y análisis, pretende «mover el juego» de los estudios sobre la más nueva narrativa latinoamericana y cubana, como un ente, para Jorge Fornet, de Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo al siglo XXI.

Los laberintos de las interpretaciones

Variadas son las interpretaciones que puede tener un texto literario. Todos los lectores de una novela, un cuento o un poema terminarán asumiendo un criterio tan personal de lo leído como lo obligue su circunstancia; algo en lo que puede influir el nivel cultural junto con la experiencia y la sensibilidad individual. Para el ensayista, no resulta tan simple, pues sus interpretaciones son igual de personales, pero con el compromiso de la profesionalidad, la exigencia de comunicarla con acierto y despertar en el público la reflexión al mismo nivel de la polémica.
Según refería la doctora Denia García Ronda, en una reciente entrevista televisiva, el ensayista es también un escritor con toda la dimensión subjetiva y todo el adeudo creativo, aunque muchos se empeñen en estigmatizar su ejercicio y rodearlo de un mecanicismo y una frialdad a ultranza. No se puede obviar, sin embargo, el factor analítico, cientificista, pero este no niega la frescura y hasta la experimentación para compartir inquietudes y criterios sobre un autor o una obra. Ese difícil equilibrio se vislumbra en el libro Ecos en el laberinto (Extramuros, 2005).
No sería, aunque lo parezca, una verdad de Perogrullo decir que nos encontramos frente a una obra de reflexión —todo un privilegio en estos tiempos—, conformada sobre la base del análisis de los paralelismos comunes en algunas obras literarias y que se manifiestan en historias, situaciones, ideas, reflexiones, enseñanzas. Con mucha cautela, atisbo de su temprana inclinación hacia la sabiduría, el autor no trata de hacer prevalecer su criterio, sino más bien proponer, hacer notar elementos interesantes que relacionan a escritores y poéticas alejadas en el tiempo y en la espiral de la literatura universal. Sin embargo, entre líneas percibimos sus influencias literarias, los estilos que se reunieron por discernimiento o mimetismo, en la conformación de un talante individual y, a la vez, curiosamente extensivo.
De esta forma, vemos confluir la importancia semiótica del inventario de elementos para Daniel Defoe, Chesterton y Eliseo Diego; las significaciones y peligros del péndulo para Umberto Eco y Edgar Alan Poe y una interesante reflexión sobre los matices del bestseller en la piel de dos de sus exponentes contemporáneos: Dan Brown con El código Da Vinci y Daniel Chavarría con Viudas de sangre. Caos, collage, exabruptos lectivos, febriles e intempestivos arranques de criticismo trasnochado. De todo un poco en la laudable intención de explicarse el curioso mundo de la literatura.
Los temas son solo pretextos, meros vehículos para enfrentar problemáticas que flanquean a la literatura contemporánea y se abren a lecturas muy diversas que las enriquecen, además de tratar de develar sus escabrosos secretos. Mucho de la crítica actual solo busca el eco de las influencias sin reparar en el ingrediente individual que hace a cada escritor único en su universo, aunque le agradezca a algún precursor la intensidad y orientación de sus interrogantes. La libertad de interpretación y relación es válida, y eso pretende decir Grillo, pero sin mezclar tanto los elementos que después no puedan separarse.
El talento de muchos escritores no está en destronar aquel adagio clásico de que «no hay nada nuevo bajo el sol», sino la plasmación de la cotidianidad, el cuestionamiento cada vez más auténtico de una realidad que no resiste los calcos y el maniqueísmo. Por eso, a lo largo de los años, los grandes escritores apelan a los vínculos formales sobre las diferencias contextuales, como dice el autor, «la senda abierta por el cotejo de las semejanzas entre las […] invenciones literarias se muestra como un camino seductor para rastrear las huellas de un escritor a otro».1 ¿Interconexión secular? ¿Especie de telepatía parnasiana? ¿Talento?
En este sentido, Grillo llama la atención sobre los elementos comunes que trascienden los tiempos y acercan las poéticas más disímiles, en pleno conflicto con su entorno. Secretos subyacentes en la majestad fabulística que reviste a un solo elemento de varias connotaciones, acentuando el misterio, la intriga, la exploración en los laberintos de olvidos y recuerdos que emiten sus ecos como llamados en pos de oídos y mentes inquietas.
El análisis también se torna un cuestionamiento de la literatura como instrumento productor de grandes imaginerías, que incitan lecturas fáciles, promotoras de mercados y no de significaciones. Estas corporeizan recetas composicionales mientras aseguran lectores ávidos de historias capaces de despertar el interés más superfluo, y sacrificar la fidelidad histórica, cultural, e incluso ética, de muchas de sus propuestas. Esto no es un fenómeno que quepa en una sola línea, pues los avatares de la recepción, a veces para pesar y otras para orgullo de los escritores, provocan fenómenos socioculturales extraordinarios, impredecibles, necesarios para mantener una esperanza o «demostrar» los ansiados resquicios de una realidad que no siempre lo es tanto. Algo similar sucedió con la novela Seva del escritor puertorriqueño
Luis López Nieves que, de una relectura fantástica y hasta disidente de la historia oficial, pasó a convertirse en un ideario, una utopía, sustento de las ansias independentistas y el orgullo nacionalista a partir de un hecho completamente ficcional, construido. Por momentos las obras literarias se convierten en banderas de las expectativas de la gente cuando parecen responder de manera digna a ellas, o amenazan con rescatar de la fantasía más ansiadamente creíble una verdad dulce e inspiradora.


A la espera de ángeles

El magisterio y la convicción de la propuesta, a partir de análisis profundos y documentados, tanto por la experiencia como por la circunstancia, resultan dos cualidades que descuellan en otro de los ejecutantes de esta sinfonía. Cuando leí por primera vez un texto de Ricardo Repilado transcurrían los años de la carrera de Letras; Dos temas de redacción pretendía que asimiláramos el contenido de una exigente asignatura. Tiempo después, cuando se rememoraban los sofocones, el libro de Repilado venía a nuestras mentes como uno de los más completos y orientadores. Ahora, el buen recuerdo se activa otra vez cuando reseño otro libro de Repilado: Tapiz de ángeles. Ensayos de literatura cubana.
Publicado por Ediciones Unión, Tapiz de ángeles… parece, a primera vista, otro de tantos libros de ensayos. Asimismo, con una rápida mirada al índice advertimos la aparente vuelta sobre temas trillados, figuras reestudiadas y obras que continúan sacando ensayos de ventaja a otras que ni tan siquiera se mencionan. ¿Es el ensayismo un vehículo para la construcción de un olimpo literario? Este libro resulta todo lo contrario a una relectura de la reescritura de los escritores y obras mejor tratadas por la crítica. Intenta, salvando algunas distancias y dejando otras por incognoscibles razones, escudriñar en lugares más recónditos.
El esfuerzo de Repilado se percibe cuando apunta hacia zonas poco tratadas por los estudios literarios y se acerca a las habituales con renovados matices y desde posiciones sobrias, puntuales. En el mejor de los casos —y ya no hablo como lector— ese es uno de sus aciertos. En su ensayo sobre la adecuada utilización de especies animales como protagonistas de obras literarias, esculpe una verdad y plantea uno de los tantos lados flacos de la literatura antillana: el antropocentrismo.
Derrochamos los hombres tanta energía en molestarnos los unos a los otros, que poca fuerza nos queda para reparar en el resto del mundo viviente, el cual de buena gana abandonamos al cuidado de los especialistas en Ciencias naturales.2
Esto lo percibo programático, de intención e intensidad, como una toma de partido en contra del distanciamiento que durante décadas han exhibido los intelectuales hacia aquellos tópicos diferentes de los problemas que agobian al hombre y a las pautas de su existencia. ¿Y el entorno que nos rodea no puede ser ficcionado también? Sin ánimos de acrecentar el mar de preguntas que suscitan la mayoría de los textos referativos, por muy lapidarios que parezcan, Repilado aborda este tema con igual intensidad que la relación entre la Historia y la Literatura, pues su ensayo sobre la novela Gallego, de Miguel Barnet, comienza con un análisis histórico-social de una época y del devenir de un componente de nuestra nacionalidad. No se podría afirmar que sus recursos sean tan posmodernos como la novela, pero por un segundo parece un trabajo historiográfico, bastante alejado de un acercamiento puramente literario.
Rasgo inalienable del «ensayo» narrativo posterior al boom de los años 60, es el uso de la literatura como herramienta para desmitificar la historia y centrarse en personajes nada trascendentales, como fuentes primarias de un arriesgado tratamiento de la memoria, inclusive contra el discurso historiográfico oficial, son directrices perceptibles en la obra, aunque no son las que centran la mirada del crítico, quien se vuelca hacia la recreación del personaje del pícaro dentro del enramado argumental. Este interés en la historia, el ensayista lo enfrenta con prudente mesura, sin que se destaque la capacidad de hacer de la literatura, como dijera Lezama en 1957, lo que a la historia ya no le es dado.
El libro de Rafael Grillo nos dejaba deseos de seguir leyendo, y con en este sucede algo parecido, pero desde el hecho analítico, la amplitud exegética. Repilado demuestra un dominio innegable de la interrelación texto-paratexto, mas su acometida permanece dentro de los límites de lo tratado, de lo, incluso, endilgado. Desde la posición bien delimitada de la literatura testimonial, se expone la mezcla en que se ve envuelta la ficción por los dominios sociológicos, etnológicos e históricos desde las vicisitudes de un protagonista emprendedor por sobrevivir en un entorno hostil, con evidentes reminiscencias de los que azuzaron a otros grandes de la picaresca hispánica. De este tipo de literatura, siempre venida a menos por los grandes editores y consumidores, emerge el fantasma de la confiabilidad que, desafortunadamente, no se trata con toda la amplitud posible. Por eso, ¿la ficción debe conformarse con la peripecia, con el avatar construido por musas caprichosas, con un modelo que proponga y no con una aspiración auténtica aunque revolucionaria o, en cambio, debe pugnar por la supuesta fidelidad histórica a ultranza?
Estas posiciones demuestran, también desde el ensayo, la imposibilidad de la literatura cubana «modélica» de conciliar la veracidad con la recreación, algo asumido por los escritores de la generación de los 90 como misión intelectual con mayor o menor suerte, aunque ninguno está incluido en esta compilación; ese batón lo recogerá el otro adagio de Jorge Fornet. Según Repilado, «los cuentos valen cuando tienen de verdad, sino son eventos huecos»;3 de ser así, ¿están vacíos los regodeos oníricos del absurdo, los postulados del esperpento y del surrealismo? Más allá de cualquier toma de partido, los ensayos de Repilado revelan un oficio indudable. Su elocuencia, expresada en su depurado estilo, acerca al lector a pesar del dominio teórico, y logra «resolver los retos técnicos de forma brillante y sin esfuerzo detectable».4 En ese sentido, el también profesor universitario afronta los retos cognoscitivos tratando de cubrir todos los frentes: argumento, tema, personajes, objetivos de autor, planos descriptivos, condiciones paratextuales, rasgos comparativos y otros métodos que hacen de su poética una necesaria alusión cuando se requiera explayar un tapiz para los ángeles de la literatura.


Desde una visión... hacia la nueva literatura

Cual colofón preciso y oportuno, Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo del siglo XXI, escrito por Jorge Fornet posee mucho más acervo que haber merecido el Premio de Ensayo Alejo Carpentier 2006 y el de la Crítica 2007. Este texto intenta allanar el camino hacia la comprensión de un fenómeno narrativo ilustrativo, pero nada cómodo, en el panorama literario cubano y latinoamericano: la generación de finales del siglo XX. Es un ensayo en tanto pretende hablar diferente de lo diferente, sin excesos tipográficos, y con una puntualidad y un dominio que se tornan cada vez menos desdeñables, mientras avanza su lectura.
Asumir el reto de escribir un posible «prólogo narrativo del siglo XXI» resulta una montaña tapizada de resbaladizos firmes y coronada por una casi evidente inexpugnabilidad. Las épocas determinan los libros; este avanza junto a la suya y aunque procure prologarla, la matiza y enriquece. Ese es el contraste existente entre los dos últimos títulos. Los nuevos paradigmas… se aventura dentro de esa selva oscura, entre el león, la pantera y la loba, con los círculos infernales de las polémicas y los intentos a sus flancos. Desde los años 80 el diapasón temático se fue abriendo en la literatura cubana y latinoamericana, pero sus conexiones a partir de la diversidad demuestran que, a partir de los 90, se buscaban asideros desde la oscuridad de las condiciones sociales y los grandes cambios que les tocó presenciar.
En una entrevista que Fornet le concedió a este autor acotaba la tendencia del sistema cultural de estructurar un olimpo literario, al que todos «deben» volverse para seguir, imitar o reconstruir. Aunque para el argentino Ricardo Piglia, el ensayismo no tiene la mayor responsabilidad en esa instrumentación de prototipos, reconoce que
es una tendencia en toda la literatura y, por supuesto el ensayo no es ajeno a todo esto, creo que sí sea el promotor de este tipo de lectura. Estoy de acuerdo en que se trata de establecer un canon bastante preciso, un modelo y me imagino que el momento histórico influye mucho. ¿Por qué pasa ahora? Bueno, es un momento que todavía responde a situaciones de dispersión en que cambiaron tantas convicciones, tantas creencias, es como si se quisiera volver a trazar la línea más importante. ¿Qué es lo que tenemos que salvar? Es como una manera de afincarse, se enraizarse, valga la metáfora agrícola, en un momento precisamente en que nos sentimos más frágiles.5
Fragilidad y desconcierto fueron sentimientos experimentados por muchos jóvenes escritores que, ante la imposibilidad de publicar, miraban con escepticismo las gavetas repletas de manuscritos y un entorno bullente de significaciones. La matriz de la literatura de los 90 es su fuerza posmoderna, así como la crítica, desde soluciones textuales aparentemente sencillas, breves, pero con gran complejidad y profundidad subyacente, a males acallados en el pasado inmediato como la doble moral, la crisis económica y sus efectos desestabilizadores en el plano individual y familiar, la lucha contra los tabúes morales que mal asumían la homosexualidad y el racismo, el cuestionable discurso oficial y la desmitificación del contraste ético. Asimismo, se preocuparon por las tendencias neohumanistas que enfrentaba el machismo, rescataban el lugar intelectual de la mujer, atendían al fenómeno identitario de manera más heterodoxa, la presencia de enfermedades, de la tragedia de la emigración y sobre las diferencias entre «alta» y «baja» cultura.
Del universo razonado por Fornet resalta que los escritores de los 90 fueron lectores desconfiados que, eluden la transcripción y optan por renovar los caminos ya transitados, romper con toda autoridad literaria cuestionándola, reciclándola y reconstruyéndola. El sentimiento de ruptura no fue aleatorio, respondió a un reflujo promovido por la producción literaria precedente. Los temas muchas veces asaltaron el mismo mundo del escritor, y lo convirtieron en un personaje de una de sus posibles obras. Si la depauperación moral era un objetivo censurable, las exigencias del mercado y los vericuetos del dueto premio-publicación también hicieron mella en las actitudes «impúdicas» de algunos creadores.
Muchos ensayos y cuentos tratan de hallar los pro y los contra del desencanto y nos advierten de su duplicidad, pues más allá de cierto punto, deja de ser una benéfica pérdida de ilusiones y se transforma en una peligrosa pérdida de sentido. Sobre el filo de esa navaja, pero creo que sin pasar de la primera condición a la segunda, se ha movido buena parte de la literatura cubana de los últimos veinte años.6
Los escenarios de prostitución, desarraigo, alienación juvenil, violencia social se unieron a las expresiones de los discursos de la música popular y los mass media promoviendo una autorreflexión de la creación literaria, desde posiciones iconoclastas, rebeldes, tendentes a la trasgresión, al rechazo a las categorizaciones, a la conflictiva indagación. Esto delimitó grupos y núcleos literarios que aunados alrededor de una estética llevaban a acabo la transformación necesaria para un público heterogéneo, enfrentado a una realidad distinta y principal destinatario de unos escritores diferentes con mecanismos, sentimientos y salidas disímiles bajo la bandera de la otredad y del respeto a esa diversidad que, solo un poco antes, se había marginado.
El texto de Fornet no pretende erigirse como un canon, aunque su asimilación de un fenómeno tan complicado no pueda eludir ese riesgo; ya lo ha hecho, a pesar de que la dinámica programática ya hace viejo un texto que, desde la contemporaneidad, mira hacia la localidad desde la gran diversidad. Con estos recursos, digamos diegéticos, el autor no solo se centra en el fenómeno cubano, sino que expande su zona de impacto a toda Latinoamérica, al reseñar grupos y manifiestos de jóvenes creadores, influyentes en la Isla o no. Universalidad es la palabra de orden que une este libro con los dos anteriores, pues si bien puede ser adelantado con el tiempo por acercamientos a las estéticas subsiguientes, no se puede soslayar la impronta ya marcada en todo lo que, a partir de él, se vaya a emprender.
A modo de resumen, mientras hablábamos sobre el libro y su recepción, acentuando el fenómeno literario que le da origen y al que le sirve de impulso, ante una pregunta con pretensiones totalizadoras, se abrazó el mentón y apostilló con los ojos entreabiertos y tono inamovible:
Estos narradores ven una utopía agotada, y quizá sin saberlo ni proponérselo estén abogando por otra de signo diferente. No ya la del Hombre-Nuevo, sino la de ese no-lugar invisible en los periódicos del día, los libros de texto, los augurios de las cartománticas y las guías de turistas despistados […] Más allá del malestar provocados por ciertas señales de coqueteo con el mercado, es la tensión entre la necesidad y la posibilidad de acceder a nuevos espacios, lo que marca a muchos autores. Varios cuentos dan fe, sin mencionarla, de la conflictiva relación entre literatura y espacio público en estos años […] son como formas distorsionadas de acceder al espacio literario público, que complementan la ambigua relación de sus contemporáneos con el mercado. Son la respuesta irritada, podríamos decir, a un momento en que los valores estéticos de la literatura corrían el riesgo de subordinarse a valores extraliterarios.7
En el ocaso de la lectura y la relectura, proponer siempre implica un riesgo, a veces nada fácil de asumir. Después de la última tonada, este concierto literario termina sin verdades absolutas y sí una conexión sucinta con aquel cuento, de la generación de los 90, que narraba la historia de un muchacho enfrentado a una gran fila en una bodega con la esperanza de encontrar lo que, irónicamente, era lo único que el dependiente no podía conseguirle y mucho menos venderle: preguntas. Preguntas son las que inspiran los buenos textos y no la total realización de un anhelo o la cabal materialización de la utopía que un día obligó los primeros intentos, antes de convertirse en ejemplos, en modelos.
Por eso, solo puedo invitarlos a una cosa con respecto a Ecos en el laberinto, de Rafael Grillo; Tapiz de ángeles. Ensayos de literatura cubana, de Ricardo Repilado y Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo del siglo XXI, de la autoría de Jorge Fornet: léanlos, traten de diseccionarlos hasta lo más profundo, por el privilegio de tener en sus manos la posibilidad de escoger, de pensar, de discernir, de aprender. También los invito a que los hagan acompañarlos por disfrutar de ese raro ensalmo de la modestia, pues practican el mismo teorema martiano que reza:
Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá dentro se siente como un gusto cuando se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe: ser útil.8



Notas

1. Rafael Grillo, Ecos en el laberinto, Extramuros, La Habana, 2005.
2. Ricardo Repilado, Tapiz de ángeles. Ensayos de literatura cubana, Ediciones Unión, La Habana, 2007.
3. Miguel Barnet, Gallego, citado por Ricardo Repilado, ob. cit., p. 147.
4. Ibídem, p. 62.
5. Rodolfo Zamora, «El hombre, el canon y el intento», El Caimán Barbudo, a. 40, n. 338, La Habana, enero-febrero de 2007.
6. Ídem.
7. Ídem.
8. José Martí, Obras completas, t. 18, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964, p. 455.



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