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Rodolfo Zamora Rielo Editor. Editorial de Ciencias Sociales.
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Tres instantes de un concierto crítico
Rodolfo Zamora Rielo
Editor. Editorial de Ciencias Sociales.
Cada momento histórico ha tenido su movimiento literario, su
expresión discursiva. Si en la época de la primacía heroica la nobleza
hereditaria griega convirtió, por conveniencia, una simple incursión de
saqueo en busca de metal en una guerra de decenios por el rescate de
una esposa robada, no es nada extraño que los actuales escritores tomen
de la realidad sus premisas para fabularlas o valorarlas. Eso no es
excluyente de los escritores de «ficción», pues también se puede
encontrar, con fortuna, en los que utilizan el ensayo, la crítica, para
convertir en mensajes sus ideas. Habrá que aprender a analizar las
épocas a través de los escritores reflexivos, que aportan mucho en su
cuota de subjetividad y su universo de perspectivas. Escribir sobre lo que otros escriben, ensayar una nueva poética a
partir de otra, mostrando sus rasgos, comparándolos con paradigmas y
parodias, sobre el filo de untar justicia o talar con desafuero aquello
que, con mejor o peor suerte, brinda un punto de vista, un lugar de la
creación, un resquicio de una complicada espiritualidad, ha sido un
reto a salvar por quienes lo enfrentan y lo inspiran. En esencia, lo
más importante es perfilar las ideas hacia un camino trazado por la
seriedad, aunque de ello dependa la descarnada censura o la exquisita
lisonja, aún a despecho del impuesto distanciamiento.
De esta manera, presento tres textos de similares cualidades; una
suerte, si de redactar se trata y de leer depende. El primero, Ecos en
el laberinto, tributa al periodismo literario, un tipo de estética
completamente novedosa y a la vez respetuosa del ensayista Rafael
Grillo, que dará mucho que hablar. El otro, deja entrever los trazos de
la academia, de la prédica en los planteles universitarios sobre
literatura cubana, convertida por Ricardo Repilado en un Tapiz de
ángeles. El tercero, una curiosa unión de narración y análisis,
pretende «mover el juego» de los estudios sobre la más nueva narrativa
latinoamericana y cubana, como un ente, para Jorge Fornet, de Los
nuevos paradigmas. Prólogo narrativo al siglo XXI.
Los laberintos de las interpretaciones
Variadas son las interpretaciones que puede tener un texto
literario. Todos los lectores de una novela, un cuento o un poema
terminarán asumiendo un criterio tan personal de lo leído como lo
obligue su circunstancia; algo en lo que puede influir el nivel
cultural junto con la experiencia y la sensibilidad individual. Para el
ensayista, no resulta tan simple, pues sus interpretaciones son igual
de personales, pero con el compromiso de la profesionalidad, la
exigencia de comunicarla con acierto y despertar en el público la
reflexión al mismo nivel de la polémica. Según refería la doctora Denia García Ronda, en una reciente
entrevista televisiva, el ensayista es también un escritor con toda la
dimensión subjetiva y todo el adeudo creativo, aunque muchos se empeñen
en estigmatizar su ejercicio y rodearlo de un mecanicismo y una
frialdad a ultranza. No se puede obviar, sin embargo, el factor
analítico, cientificista, pero este no niega la frescura y hasta la
experimentación para compartir inquietudes y criterios sobre un autor o
una obra. Ese difícil equilibrio se vislumbra en el libro Ecos en el
laberinto (Extramuros, 2005).
No sería, aunque lo parezca, una verdad de Perogrullo decir que
nos encontramos frente a una obra de reflexión —todo un privilegio en
estos tiempos—, conformada sobre la base del análisis de los
paralelismos comunes en algunas obras literarias y que se manifiestan
en historias, situaciones, ideas, reflexiones, enseñanzas. Con mucha
cautela, atisbo de su temprana inclinación hacia la sabiduría, el autor
no trata de hacer prevalecer su criterio, sino más bien proponer, hacer
notar elementos interesantes que relacionan a escritores y poéticas
alejadas en el tiempo y en la espiral de la literatura universal. Sin
embargo, entre líneas percibimos sus influencias literarias, los
estilos que se reunieron por discernimiento o mimetismo, en la
conformación de un talante individual y, a la vez, curiosamente
extensivo.
De esta forma, vemos confluir la importancia semiótica del
inventario de elementos para Daniel Defoe, Chesterton y Eliseo Diego;
las significaciones y peligros del péndulo para Umberto Eco y Edgar
Alan Poe y una interesante reflexión sobre los matices del bestseller
en la piel de dos de sus exponentes contemporáneos: Dan Brown con El
código Da Vinci y Daniel Chavarría con Viudas de sangre. Caos, collage,
exabruptos lectivos, febriles e intempestivos arranques de criticismo
trasnochado. De todo un poco en la laudable intención de explicarse el
curioso mundo de la literatura.
Los temas son solo pretextos, meros vehículos para enfrentar
problemáticas que flanquean a la literatura contemporánea y se abren a
lecturas muy diversas que las enriquecen, además de tratar de develar
sus escabrosos secretos. Mucho de la crítica actual solo busca el eco
de las influencias sin reparar en el ingrediente individual que hace a
cada escritor único en su universo, aunque le agradezca a algún
precursor la intensidad y orientación de sus interrogantes. La libertad
de interpretación y relación es válida, y eso pretende decir Grillo,
pero sin mezclar tanto los elementos que después no puedan separarse.
El talento de muchos escritores no está en destronar aquel adagio
clásico de que «no hay nada nuevo bajo el sol», sino la plasmación de
la cotidianidad, el cuestionamiento cada vez más auténtico de una
realidad que no resiste los calcos y el maniqueísmo. Por eso, a lo
largo de los años, los grandes escritores apelan a los vínculos
formales sobre las diferencias contextuales, como dice el autor, «la
senda abierta por el cotejo de las semejanzas entre las […] invenciones
literarias se muestra como un camino seductor para rastrear las huellas
de un escritor a otro».1 ¿Interconexión secular? ¿Especie de telepatía
parnasiana? ¿Talento?
En este sentido, Grillo llama la atención sobre los elementos
comunes que trascienden los tiempos y acercan las poéticas más
disímiles, en pleno conflicto con su entorno. Secretos subyacentes en
la majestad fabulística que reviste a un solo elemento de varias
connotaciones, acentuando el misterio, la intriga, la exploración en
los laberintos de olvidos y recuerdos que emiten sus ecos como llamados
en pos de oídos y mentes inquietas.
El análisis también se torna un cuestionamiento de la literatura
como instrumento productor de grandes imaginerías, que incitan lecturas
fáciles, promotoras de mercados y no de significaciones. Estas
corporeizan recetas composicionales mientras aseguran lectores ávidos
de historias capaces de despertar el interés más superfluo, y
sacrificar la fidelidad histórica, cultural, e incluso ética, de muchas
de sus propuestas. Esto no es un fenómeno que quepa en una sola línea,
pues los avatares de la recepción, a veces para pesar y otras para
orgullo de los escritores, provocan fenómenos socioculturales
extraordinarios, impredecibles, necesarios para mantener una esperanza
o «demostrar» los ansiados resquicios de una realidad que no siempre lo
es tanto. Algo similar sucedió con la novela Seva del escritor
puertorriqueño
Luis López Nieves que, de una relectura fantástica y
hasta disidente de la historia oficial, pasó a convertirse en un
ideario, una utopía, sustento de las ansias independentistas y el
orgullo nacionalista a partir de un hecho completamente ficcional,
construido. Por momentos las obras literarias se convierten en banderas
de las expectativas de la gente cuando parecen responder de manera
digna a ellas, o amenazan con rescatar de la fantasía más ansiadamente
creíble una verdad dulce e inspiradora.
A la espera de ángeles
El magisterio y la convicción de la propuesta, a partir de análisis
profundos y documentados, tanto por la experiencia como por la
circunstancia, resultan dos cualidades que descuellan en otro de los
ejecutantes de esta sinfonía. Cuando leí por primera vez un texto de
Ricardo Repilado transcurrían los años de la carrera de Letras; Dos
temas de redacción pretendía que asimiláramos el contenido de una
exigente asignatura. Tiempo después, cuando se rememoraban los
sofocones, el libro de Repilado venía a nuestras mentes como uno de los
más completos y orientadores. Ahora, el buen recuerdo se activa otra
vez cuando reseño otro libro de Repilado: Tapiz de ángeles. Ensayos de
literatura cubana.
Publicado por Ediciones Unión, Tapiz de ángeles… parece, a primera
vista, otro de tantos libros de ensayos. Asimismo, con una rápida
mirada al índice advertimos la aparente vuelta sobre temas trillados,
figuras reestudiadas y obras que continúan sacando ensayos de ventaja a
otras que ni tan siquiera se mencionan. ¿Es el ensayismo un vehículo
para la construcción de un olimpo literario? Este libro resulta todo lo
contrario a una relectura de la reescritura de los escritores y obras
mejor tratadas por la crítica. Intenta, salvando algunas distancias y
dejando otras por incognoscibles razones, escudriñar en lugares más
recónditos.
El esfuerzo de Repilado se percibe cuando apunta hacia zonas poco
tratadas por los estudios literarios y se acerca a las habituales con
renovados matices y desde posiciones sobrias, puntuales. En el mejor de
los casos —y ya no hablo como lector— ese es uno de sus aciertos. En su
ensayo sobre la adecuada utilización de especies animales como
protagonistas de obras literarias, esculpe una verdad y plantea uno de
los tantos lados flacos de la literatura antillana: el
antropocentrismo. Derrochamos los hombres tanta energía en molestarnos los unos a
los otros, que poca fuerza nos queda para reparar en el resto del mundo
viviente, el cual de buena gana abandonamos al cuidado de los
especialistas en Ciencias naturales.2
Esto lo percibo programático, de intención e intensidad, como una
toma de partido en contra del distanciamiento que durante décadas han
exhibido los intelectuales hacia aquellos tópicos diferentes de los
problemas que agobian al hombre y a las pautas de su existencia. ¿Y el
entorno que nos rodea no puede ser ficcionado también? Sin ánimos de
acrecentar el mar de preguntas que suscitan la mayoría de los textos
referativos, por muy lapidarios que parezcan, Repilado aborda este tema
con igual intensidad que la relación entre la Historia y la Literatura,
pues su ensayo sobre la novela Gallego, de Miguel Barnet, comienza con
un análisis histórico-social de una época y del devenir de un
componente de nuestra nacionalidad. No se podría afirmar que sus
recursos sean tan posmodernos como la novela, pero por un segundo
parece un trabajo historiográfico, bastante alejado de un acercamiento
puramente literario. Rasgo inalienable del «ensayo» narrativo posterior al boom de los
años 60, es el uso de la literatura como herramienta para desmitificar
la historia y centrarse en personajes nada trascendentales, como
fuentes primarias de un arriesgado tratamiento de la memoria, inclusive
contra el discurso historiográfico oficial, son directrices
perceptibles en la obra, aunque no son las que centran la mirada del
crítico, quien se vuelca hacia la recreación del personaje del pícaro
dentro del enramado argumental. Este interés en la historia, el
ensayista lo enfrenta con prudente mesura, sin que se destaque la
capacidad de hacer de la literatura, como dijera Lezama en 1957, lo que
a la historia ya no le es dado. El libro de Rafael Grillo nos dejaba deseos de seguir leyendo, y
con en este sucede algo parecido, pero desde el hecho analítico, la
amplitud exegética. Repilado demuestra un dominio innegable de la
interrelación texto-paratexto, mas su acometida permanece dentro de los
límites de lo tratado, de lo, incluso, endilgado. Desde la posición
bien delimitada de la literatura testimonial, se expone la mezcla en
que se ve envuelta la ficción por los dominios sociológicos,
etnológicos e históricos desde las vicisitudes de un protagonista
emprendedor por sobrevivir en un entorno hostil, con evidentes
reminiscencias de los que azuzaron a otros grandes de la picaresca
hispánica. De este tipo de literatura, siempre venida a menos por los
grandes editores y consumidores, emerge el fantasma de la confiabilidad
que, desafortunadamente, no se trata con toda la amplitud posible. Por
eso, ¿la ficción debe conformarse con la peripecia, con el avatar
construido por musas caprichosas, con un modelo que proponga y no con
una aspiración auténtica aunque revolucionaria o, en cambio, debe
pugnar por la supuesta fidelidad histórica a ultranza?
Estas posiciones demuestran, también desde el ensayo, la
imposibilidad de la literatura cubana «modélica» de conciliar la
veracidad con la recreación, algo asumido por los escritores de la
generación de los 90 como misión intelectual con mayor o menor suerte,
aunque ninguno está incluido en esta compilación; ese batón lo recogerá
el otro adagio de Jorge Fornet. Según Repilado, «los cuentos valen
cuando tienen de verdad, sino son eventos huecos»;3 de ser así, ¿están
vacíos los regodeos oníricos del absurdo, los postulados del esperpento
y del surrealismo? Más allá de cualquier toma de partido, los ensayos
de Repilado revelan un oficio indudable. Su elocuencia, expresada en su
depurado estilo, acerca al lector a pesar del dominio teórico, y logra
«resolver los retos técnicos de forma brillante y sin esfuerzo
detectable».4 En ese sentido, el también profesor universitario afronta
los retos cognoscitivos tratando de cubrir todos los frentes:
argumento, tema, personajes, objetivos de autor, planos descriptivos,
condiciones paratextuales, rasgos comparativos y otros métodos que
hacen de su poética una necesaria alusión cuando se requiera explayar
un tapiz para los ángeles de la literatura.
Desde una visión... hacia la nueva literatura
Cual colofón preciso y oportuno, Los nuevos paradigmas. Prólogo
narrativo del siglo XXI, escrito por Jorge Fornet posee mucho más
acervo que haber merecido el Premio de Ensayo Alejo Carpentier 2006 y
el de la Crítica 2007. Este texto intenta allanar el camino hacia la
comprensión de un fenómeno narrativo ilustrativo, pero nada cómodo, en
el panorama literario cubano y latinoamericano: la generación de
finales del siglo XX. Es un ensayo en tanto pretende hablar diferente
de lo diferente, sin excesos tipográficos, y con una puntualidad y un
dominio que se tornan cada vez menos desdeñables, mientras avanza su
lectura. Asumir el reto de escribir un posible «prólogo narrativo del
siglo XXI» resulta una montaña tapizada de resbaladizos firmes y
coronada por una casi evidente inexpugnabilidad. Las épocas determinan
los libros; este avanza junto a la suya y aunque procure prologarla, la
matiza y enriquece. Ese es el contraste existente entre los dos últimos
títulos. Los nuevos paradigmas… se aventura dentro de esa selva oscura,
entre el león, la pantera y la loba, con los círculos infernales de las
polémicas y los intentos a sus flancos. Desde los años 80 el diapasón
temático se fue abriendo en la literatura cubana y latinoamericana,
pero sus conexiones a partir de la diversidad demuestran que, a partir
de los 90, se buscaban asideros desde la oscuridad de las condiciones
sociales y los grandes cambios que les tocó presenciar.
En una entrevista que Fornet le concedió a este autor acotaba la
tendencia del sistema cultural de estructurar un olimpo literario, al
que todos «deben» volverse para seguir, imitar o reconstruir. Aunque
para el argentino Ricardo Piglia, el ensayismo no tiene la mayor
responsabilidad en esa instrumentación de prototipos, reconoce que es una tendencia en toda la literatura y, por supuesto el ensayo
no es ajeno a todo esto, creo que sí sea el promotor de este tipo de
lectura. Estoy de acuerdo en que se trata de establecer un canon
bastante preciso, un modelo y me imagino que el momento histórico
influye mucho. ¿Por qué pasa ahora? Bueno, es un momento que todavía
responde a situaciones de dispersión en que cambiaron tantas
convicciones, tantas creencias, es como si se quisiera volver a trazar
la línea más importante. ¿Qué es lo que tenemos que salvar? Es como una
manera de afincarse, se enraizarse, valga la metáfora agrícola, en un
momento precisamente en que nos sentimos más frágiles.5 Fragilidad y desconcierto fueron sentimientos experimentados por
muchos jóvenes escritores que, ante la imposibilidad de publicar,
miraban con escepticismo las gavetas repletas de manuscritos y un
entorno bullente de significaciones. La matriz de la literatura de los
90 es su fuerza posmoderna, así como la crítica, desde soluciones
textuales aparentemente sencillas, breves, pero con gran complejidad y
profundidad subyacente, a males acallados en el pasado inmediato como
la doble moral, la crisis económica y sus efectos desestabilizadores en
el plano individual y familiar, la lucha contra los tabúes morales que
mal asumían la homosexualidad y el racismo, el cuestionable discurso
oficial y la desmitificación del contraste ético. Asimismo, se
preocuparon por las tendencias neohumanistas que enfrentaba el
machismo, rescataban el lugar intelectual de la mujer, atendían al
fenómeno identitario de manera más heterodoxa, la presencia de
enfermedades, de la tragedia de la emigración y sobre las diferencias
entre «alta» y «baja» cultura. Del universo razonado por Fornet resalta que los escritores de
los 90 fueron lectores desconfiados que, eluden la transcripción y
optan por renovar los caminos ya transitados, romper con toda autoridad
literaria cuestionándola, reciclándola y reconstruyéndola. El
sentimiento de ruptura no fue aleatorio, respondió a un reflujo
promovido por la producción literaria precedente. Los temas muchas
veces asaltaron el mismo mundo del escritor, y lo convirtieron en un
personaje de una de sus posibles obras. Si la depauperación moral era
un objetivo censurable, las exigencias del mercado y los vericuetos del
dueto premio-publicación también hicieron mella en las actitudes
«impúdicas» de algunos creadores. Muchos ensayos y cuentos tratan de hallar los pro y los contra
del desencanto y nos advierten de su duplicidad, pues más allá de
cierto punto, deja de ser una benéfica pérdida de ilusiones y se
transforma en una peligrosa pérdida de sentido. Sobre el filo de esa
navaja, pero creo que sin pasar de la primera condición a la segunda,
se ha movido buena parte de la literatura cubana de los últimos veinte
años.6 Los escenarios de prostitución, desarraigo, alienación juvenil,
violencia social se unieron a las expresiones de los discursos de la
música popular y los mass media promoviendo una autorreflexión de la
creación literaria, desde posiciones iconoclastas, rebeldes, tendentes
a la trasgresión, al rechazo a las categorizaciones, a la conflictiva
indagación. Esto delimitó grupos y núcleos literarios que aunados
alrededor de una estética llevaban a acabo la transformación necesaria
para un público heterogéneo, enfrentado a una realidad distinta y
principal destinatario de unos escritores diferentes con mecanismos,
sentimientos y salidas disímiles bajo la bandera de la otredad y del
respeto a esa diversidad que, solo un poco antes, se había marginado.
El texto de Fornet no pretende erigirse como un canon, aunque su
asimilación de un fenómeno tan complicado no pueda eludir ese riesgo;
ya lo ha hecho, a pesar de que la dinámica programática ya hace viejo
un texto que, desde la contemporaneidad, mira hacia la localidad desde
la gran diversidad. Con estos recursos, digamos diegéticos, el autor no
solo se centra en el fenómeno cubano, sino que expande su zona de
impacto a toda Latinoamérica, al reseñar grupos y manifiestos de
jóvenes creadores, influyentes en la Isla o no. Universalidad es la
palabra de orden que une este libro con los dos anteriores, pues si
bien puede ser adelantado con el tiempo por acercamientos a las
estéticas subsiguientes, no se puede soslayar la impronta ya marcada en
todo lo que, a partir de él, se vaya a emprender.
A modo de resumen, mientras hablábamos sobre el libro y su
recepción, acentuando el fenómeno literario que le da origen y al que
le sirve de impulso, ante una pregunta con pretensiones totalizadoras,
se abrazó el mentón y apostilló con los ojos entreabiertos y tono
inamovible: Estos narradores ven una utopía agotada, y quizá sin saberlo ni
proponérselo estén abogando por otra de signo diferente. No ya la del
Hombre-Nuevo, sino la de ese no-lugar invisible en los periódicos del
día, los libros de texto, los augurios de las cartománticas y las guías
de turistas despistados […] Más allá del malestar provocados por
ciertas señales de coqueteo con el mercado, es la tensión entre la
necesidad y la posibilidad de acceder a nuevos espacios, lo que marca a
muchos autores. Varios cuentos dan fe, sin mencionarla, de la
conflictiva relación entre literatura y espacio público en estos años
[…] son como formas distorsionadas de acceder al espacio literario
público, que complementan la ambigua relación de sus contemporáneos con
el mercado. Son la respuesta irritada, podríamos decir, a un momento en
que los valores estéticos de la literatura corrían el riesgo de
subordinarse a valores extraliterarios.7 En el ocaso de la lectura y la relectura, proponer siempre
implica un riesgo, a veces nada fácil de asumir. Después de la última
tonada, este concierto literario termina sin verdades absolutas y sí
una conexión sucinta con aquel cuento, de la generación de los 90, que
narraba la historia de un muchacho enfrentado a una gran fila en una
bodega con la esperanza de encontrar lo que, irónicamente, era lo único
que el dependiente no podía conseguirle y mucho menos venderle:
preguntas. Preguntas son las que inspiran los buenos textos y no la
total realización de un anhelo o la cabal materialización de la utopía
que un día obligó los primeros intentos, antes de convertirse en
ejemplos, en modelos. Por eso, solo puedo invitarlos a una cosa con respecto a Ecos en
el laberinto, de Rafael Grillo; Tapiz de ángeles. Ensayos de literatura
cubana, de Ricardo Repilado y Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo
del siglo XXI, de la autoría de Jorge Fornet: léanlos, traten de
diseccionarlos hasta lo más profundo, por el privilegio de tener en sus
manos la posibilidad de escoger, de pensar, de discernir, de aprender.
También los invito a que los hagan acompañarlos por disfrutar de ese
raro ensalmo de la modestia, pues practican el mismo teorema martiano
que reza: Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que
lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá dentro se
siente como un gusto cuando se ha dicho algo útil a los demás. Eso es
mejor que ser príncipe: ser útil.8
Notas
1. Rafael Grillo, Ecos en el laberinto, Extramuros, La Habana, 2005.
2. Ricardo Repilado, Tapiz de ángeles. Ensayos de literatura cubana, Ediciones Unión, La Habana, 2007.
3. Miguel Barnet, Gallego, citado por Ricardo Repilado, ob. cit., p. 147.
4. Ibídem, p. 62.
5. Rodolfo Zamora, «El hombre, el canon y el intento», El Caimán Barbudo, a. 40, n. 338, La Habana, enero-febrero de 2007.
6. Ídem.
7. Ídem.
8. José Martí, Obras completas, t. 18, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964, p. 455.
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