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Querida Eudocia:
En el Imperio del Norte hay dos partidos
políticos dominantes: el Republicano y el Demócrata. Para aquellos
que no conocen los vaivenes de la política norteamericana, es
difícil entender qué separa a estos partidos que tanto se parecen.
Contrario al caso de Europa y de América Latina, donde hay partidos
de izquierda y de derecha, es notable que en el Imperio del Norte
ninguno de los partidos es de izquierda. Sin embargo, hay
diferencias. Una de las más importantes es el peso que le otorgan al
“laissez faire”.
Este término francés significa “dejar hacer”. En el siglo XVIII Adam
Smith escribió La riqueza de las naciones, un libro en que
expuso las ideas fundamentales de los sistemas económicos basados en
la libre empresa. Una de ellas es la “mano invisible”. Smith indica
que la libre empresa da la impresión de estar regida por el caos,
pero que no es así. La “mano invisible” es una especie de “orden
natural” que por medio de la “oferta y la demanda”, la “división del
trabajo” y otros mecanismos logra el balance idóneo para que la
sociedad pueda lograr la riqueza y la felicidad colectiva.
Este libro, relativamente fácil de leer, se ha convertido en la
biblia de los defensores de la libre empresa. Deslumbrados por esta
filosofía económica, muchos sostienen que el gobierno nunca jamás
debe intervenir en la economía. El mercado debe marchar según sus
propias reglas. Cuando el gobierno toma cualquier medida para
influir sobre el mercado, por menor que sea, el resultado siempre
será desastroso porque habrá alterado la influencia benévola de la
“mano invisible”.
La diferencia principal entre demócratas y republicanos es el grado
en que creen en el “laissez faire”. Muchos demócratas opinan que el
gobierno puede y debe reglamentar varios aspectos de la sociedad,
incluida la economía; quieren que las agencias del gobierno
fiscalicen a las empresas, protejan a los consumidores, verifiquen
los medicamentos, etc.
Los republicanos, por convicción ideológica, rechazan la
intervención gubernamental. Los “moderados” están dispuestos a
aceptar algún tipo de intervención menor, cuando es indispensable.
Los republicanos de “línea dura” no transan bajo ninguna
circunstancia. Tan pronto un gobierno intenta controlar cualquier
aspecto de la economía, empiezan a dar saltos como gatos locos y a
predecir la llegada del Apocalipsis.
Es necesario conocer esta filosofía del “laissez faire” para
entender la grandísima contradicción ideológica en que se encuentra
en este momento Jorge Bush II, quien desde el día de su coronación
se proclamó defensor a ultranza del “laissez faire” de “línea dura”.
Pero ahora, en los últimos meses de su reinado, ante la crisis que
enfrenta la economía norteamericana, ha tomado una serie de medidas
que han horrorizado a sus colegas de línea dura.
La economía no es una ciencia exacta. Algunos economistas muy
capacitados argumentan que la Gran Depresión de 1929 se debió al
“laissez faire”. Otros dicen lo contrario: que se debió a la
intervención gubernamental.
Jorge Bush II ha pasado ocho años proclamando ante el mundo que el
sistema económico del Imperio del Norte es el mejor del mundo y que
todos los países deben imitarlo. De hecho, este filántropo tuvo la
gentileza de invadir Irak para regalarle al país los beneficios del
“laissez faire”.
Pero ahora, de pronto, le ha dado la espalda a su filosofía y anda
nacionalizando grandes empresas, tomando el control de bancos,
inyectando dinero federal a diestra y siniestra, e implantando
tantas medidas anti “laissez faire” que el pobre Adam Smith debe
estar dando vueltas en su tumba.
Es evidente que el Emperador, en sus últimos meses de reinado, se ha
convertido en un socialista furibundo. Así es la política, querida
Eudocia.
Te besa tu hermano,
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